En una época en la que los boxeadores parecen mirarse primero al espejo y moverse en torno a su oponente, asegurándose que su cabello no se desarregle, Floyd Mayweather Jr. se ha sostenido como paradigma de ese pugilismo que sitúa estilo por encima de la sustancia.
Y objetivamente, Saúl “El Canelo” Álvarez no parece una amenaza para arrebatarle ese estatus a Mayweather, quien con su personalidad de villano y jactancioso despilfarro no logra maquillar la carencia de emoción que hay en su boxeo, más allá de su habilidad indiscutible.
Mayweather es el mejor boxeador de esta época, y no propiamente por sus exhibiciones estremecedoras en el ring, sino por el manejo inteligente que ha tenido de su carrera, para precisar el instante correcto de enfrentar o esquivar a sus rivales y luego halarles el gatillo.
Al “Canelo” lo enfrenta en el momento perfecto. Siendo Mayweather un púgil de 36 años, no puede darse el lujo de dejar que el azteca de 23 termine de construirse como pugilista. Ahora es el momento. Y con su velocidad, habilidad y experiencia, debe ganar el sábado.
Álvarez es joven, valiente y poderoso, pero eso no basta para vencer a un rival elástico, veloz, de gran defensa y hábil al contragolpe. Mayweather no dejará que Saúl se asiente en el ring, lo mantendrá flotando, a fin de que no tenga un punto de apoyo para ensayar sus descargas.
En la clásica pelea de toro contra torero, debe vencer Mayweather, quien sabe moverse alrededor de sus rivales, buscando el ángulo para disparar y emprender su retirada, ante un “Canelo” que intentará embestir apoyado más en sus agallas que en sus recursos.
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