Un día como hoy, pero 32 años atrás, el patrullero nicaragüense David Green hizo su debut en las Grandes Ligas con los Cardenales de San Luis.
Green llegó al Big Show siendo considerado el mejor prospecto del beisbol. Podía hacerlo todo: correr, batear con tacto y poder, tenía un gran brazo y mucha cobertura en los jardines. Era un tipo alto y atlético. La imagen ideal de un pelotero.
Para ponerlo en perspectiva, era visto como el Mike Trout o Bryce Harper de su época. “Usted puede estar ciego y ver que puede jugar”, dijo el legendario mánager Whitey Herzog.
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Sin embargo, la muerte de su papá, Eduardo Green, quien era una figura muy influyente en su vida, resultó un golpe duro de asimilar y junto a lesiones temprano en su carrera, no lo dejaron desarrollar todo su potencial, aunque logró quedarse en las Mayores por espacio de seis temporadas.
El mejor año de Green fue en 1983, cuando en 146 juegos bateó para .284, con 14 dobles, 10 triples, ocho jonrones, 69 empujadas y 34 robos de bases.
EL CASO DE BENARD
Un día como mañana, pero 18 años atrás, Marvin Benard tomó su primer turno en las Mayores con los Gigantes de San Francisco.
Seleccionado en la ronda 50 del draft de 1992, Benard era un tipo cualquiera en la organización de los Gigantes, pero su trabajo duro y resultados, obligaron a prestarle atención y tres años más tarde estaba en las Grandes Ligas.
A Benard le dijeron que era muy pequeño para firmar y lo firmaron, le dijeron que no llegaría a las Mayores y llegó, luego que no duraría mucho tiempo y estuvo ocho años, incluyendo un par de ellos con llamativas cifras.
En 1999 y 2000, anotó 100 carreras en cada uno de ellos, único caso entre los lead-offs de la Liga Nacional y promedió 14 jonrones, 60 carreras impulsadas y 25 robos. El de 1999 fue su mejor campaña, con promedio de .290, 16 cuadrangulares, 64 remolques y 27 estadas.
Una lesión en la rodilla acabó con la carrera de Benard a los 32 años de edad.
Nadie discute que Green tenía más talento que Benard. De hecho, es el pelotero con las mejores herramientas que ha producido Nicaragua en su historia, pero fue Benard quien sacó el máximo provecho de su menor arsenal y construyó una carrera más sólida.
Ambos alcanzaron la cúspide, basta decir que en más de 100 años que llevamos jugando beisbol, solamente 13 han llegado a las Grandes Ligas, pero Green y Benard son únicos en el grupo. El primero por su exuberante talento y el segundo por lo lejos que llegó cuando nadie daba un centavo por él.
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