Lucía Navas
La tostaduría como toda niña va creciendo. Hace seis años tres mujeres (madre y dos hijas) decidieron seguir el sueño de ser dueñas de su propio negocio. Más de veinte años vividos en medio de cafetales en la finca Las Carmelitas, allá en lo profundo de la reserva natural Cerro Datanlí-El Diablo, en Jinotega, para las tres mujeres no fue difícil decidir a qué producto apostarle.
“El café es nuestro negocio, pero ya que los precios internacionales no han sido los mejores, decidimos como familia reinventar y no quedarnos siendo unas productoras más, sino darle valor agregado”. Con esta convicción Carmen Dávila cuenta como junto a su mamá Vilma Téllez y su hermana Karen emprendieron la aventura y “parieron” a Carmelitas Coffee, la pequeña empresa de tostaduría.
¿El inicio? “Hace siete años mi hermana Karen al egresar de la UCA (Universidad Centroamericana) sometió el plan de negocios a un estudio y resultó que era favorable y rentable”, recuerda Carmen, hoy gerente propietaria de la empresa.
La sociedad de las tres emprendedoras inicia en 2006. La empresa se pone a operar con el financiamiento que obtienen a través del proyecto de emprendimiento de la Universidad de Ingeniería (UNI), que les permitió adquirir parte de la maquinaria. En estos años la tarea se enfocó en presentarse y crecer en el mercado de Managua como empresa que da el servicio de tostaduría y a la vez promocionar la marca.
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“Carmelitas Coffee es en honor a nuestra abuela que fue una mujer muy emprendedora. De venir de familia muy pobre llegó a tener un comercio grande en su pueblo Esquipulas (en Matagalpa). Comenzó pegando botones de camisas hasta tener el comisariato más grande de su pueblo”, expresa orgullosa la empresaria.
Ese gen de emprendimiento las ha hecho triunfar. Siempre innovando. Hace cuatro años doña Vilma y Karen se separan de la empresa de tostaduría y se centran en la producción meramente del grano de café. El negocio familiar ha brotado y madurado
El grano que produce la finca Las Carmelitas es de calidad gourmet que le vale el sello de Rainforest Alliance, certificado de cumplir las normas agrosostenibles con el medioambiente que les permite ser proveedor de Starbucks en Estados Unidos.
EL TUESTE
Carmen se mete de lleno a la industrialización “con la idea de darle valor agregado al café, pero no comprando el servicio de tostaduría”, sino hacerlo con sus propias máquinas. Actualmente tuestan y empacan el grano de Carmelitas Coffee y brindan el servicio a otros productores, cafeterías de renombre en Managua y clientes particulares, la mayoría extranjeros.
Tienen un trillo, el horno tostador, el molino y dos selladoras para bolsas plásticas y metalizadas, procesan por día tres quintales de café. Carmen admite que aún es poco lo que tuestan, pero es porque faltan clientes. “Necesito que la gente me conozca más, sigo ‘verdecita’”, se dice a sí misma.
“El café se compra en pergamino, se pasa por la máquina de trillo, se hace una escogida a mano para retirar impurezas o granos dañados. Luego el producto limpio pasa a la parte de tostaduría en el horno… una tanda de cuarenta libras tarda unos cuarenta minutos. Se pone en reposo de un día aproximadamente porque el café libera gases, y al siguiente día va al proceso de molienda, si el cliente lo quiere así o bien se empaca el grano entero”, detalla Carmen.
Toda esa habilidad la adquirió desde los 14 años cuando iba de vacaciones a la finca familiar.
Carmen aprende en esta aventura que la agroindustria “es difícil”, más para las pymes en Nicaragua inmersas en la caficultura al depender del ritmo de los precios internacionales.
Manejar la administración y el mercadeo de Carmelitas Coffee también ha sido para ella un reto “porque soy agrónoma no administradora”. Otro es que como la cosecha del café es solo una vez por año, debe disponer de suficiente capital para adquirir suficiente producto en todo momento. “El año pasado gasté 70,000 dólares aproximadamente en adquirir café, pero no es que tuve todo ese dinero, sino que agarré 2,000 dólares compré café, lo coloqué y luego volví a comprar, y así voy”, relata.
La lucha es constante pero retribuida. Carmen genera su propio salario, el de su esposo y da empleo a tres jóvenes.
Reconoce que la industrialización exige y por eso tomó un curso de catación donde aprendió “a nivel de laboratorio que los sabores están atados al tueste”. Gracias al viaje que ganó de la Red de Mujeres Empresarias participó el año pasado junto a 10,000 mujeres en el programa de capacitación en gestión y administración de negocios en Arizona, EE. UU.
¿El siguiente paso? Con la marca Carmelitas Coffee es tener mayor presencia en el mercado local y para eso invierto en mejorar la imagen y el empacado. Con la tostaduría aspiro a ser una gran compañía”. Ya inició los sondeos para lanzarse al mercado internacional: Arizona, Japón y Costa Rica están en la mira.


