Según Taylor, Coralina recibe en promedio 500,000 dólares para administrar todas sus áreas protegidas, pero por su extensión (Seaflower tiene 349,800 kilómetros cuadrados de mar) se necesitarían más de seis millones de dólares para preservar los ecosistemas marinos.
[/doap_box]
Rezaye Álvarez y Vladimir Vásquez
Nicaragua “no está lista, ni tiene capacidades” para administrar la reserva de biosfera Seaflower, expresó el ecólogo Fabio Buitrago, miembro de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Sostenible (Fundenic-SOS).
Ayer, el vicepresidente Omar Halleslevens ratificó las intenciones de Nicaragua para que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), reconozca a Seaflower como una reserva de biosfera nicaragüense, por encontrarse en la nueva plataforma marítima nacional.
“Yo creo que esto es en consecuencia de lo que ha resuelto la Corte Internacional de Justicia, que como saben en la resolución de noviembre del año pasado, hoy por hoy, esa reserva, es parte nuestra”, dijo Halleslevens, quien destacó que el país debe realizar acciones “que permitan mantener la fauna de la reserva”.
No obstante para Buitrago, Nicaragua no está lista para ello porque “ni siquiera sabemos qué hay, no era parte del territorio, no la hemos estudiado y no la hemos investigado”.
En todo caso, lo más oportuno antes de solicitar que la reserva pase a ser nicaragüense, dijo, es “solicitarle por la vía diplomática a la Unesco o a Colombia que nos den la información que tienen de la reserva, para desarrollar un programa de investigación de por lo menos diez años, para después hacer un programa de gestión y poder decir ‘esto es lo que tenemos que hacer’ para poder manejarla”, dijo Buitrago.
Ver en la versión impresa las páginas: 5 A