BOGOTÁ/AFP
La protesta campesina que inició hace once días en Colombia se intensificó ayer en las cercanías de Bogotá. En la localidad de La Calera (periferia noreste de Bogotá), manifestantes detuvieron cinco camiones y les pincharon los neumáticos, bloqueando el tránsito a una hora en la mañana en que numerosas personas se desplazan hacia la capital, según la Policía.
Agricultores también tomaron la carretera para realizar un cacerolazo, una demostración que se repite desde el lunes en varias ciudades. La vía fue reabierta por agentes antimotines, a quienes poco después los campesinos ofrecieron queso y aguapanela (bebida caliente de agua y azúcar sin refinar) en un ambiente distendido.
En la tarde, cerca de cien camiones tipo volquete fueron estacionados en la avenida Boyacá, en el sur de Bogotá, impidiendo totalmente el paso, confirmó un vocero de la Alcaldía. Los camioneros protestan en contra de una restricción a su tránsito por la capital.
Estos incidentes se suman a una asonada el martes en Facatativá (al oeste de Bogotá), donde fueron atacadas la Alcaldía y varios comercios. En otras localidades vecinas a Bogotá, como Sibaté, Usme y Zipaquirá, se han registrado bloqueos de vías y choques entre manifestantes y agentes. En total, la obstrucción de rutas se registra en 13 de 32 departamentos.
Mientras tanto, delegados del gobierno del presidente Juan Manuel Santos dialogaban por segundo día con cultivadores de tres departamentos (Boyacá, Cundinamarca y Nariño). El secretario general de la Presidencia, Aurelio Iragorri, reportó avances en aspectos como precios de fertilizantes y salvaguardas frente a las importaciones de cebolla.
Los campesinos que piden ayudas económicas para paliar una “crisis estructural, agravada por los altos precios de los insumos agrícolas y los tratados de libre comercio”, se declararon insatisfechos con la propuesta gubernamental presentada ayer.
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