Jeniffer Castillo Bermúdez
Para Nicaragua no sería difícil conseguir que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) le reconozca derechos sobre la Reserva de Biosfera Seaflower, en el mar Caribe.
Así lo afirmó Juan Bautista Arríen, secretario de Unesco en Nicaragua, quien considera que el hecho de que la reserva esté dentro de la nueva plataforma marítima de Nicaragua, es razón suficiente para reconocerla como parte de este país.
Esta semana, el viceministro del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), Roberto Araquistain, confirmó que Nicaragua pedirá a la Unesco le confirme como suya una parte de la reserva marina que comparte con Colombia.
El funcionario dijo que harán esa petición con base en la sentencia de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), que el 19 de noviembre pasado redefinió los límites marítimos de Nicaragua con Colombia.
“Con esto Nicaragua es rica, riquísima por todos los recursos naturales que tiene. Con esta reserva serían cuatro reservas de Biosfera en el país”, dijo Arríen.
Si Unesco reconoce el derecho del país sobre Seaflower, esta se sumaría a las otras tres Reservas de Biosfera: Río San Juan, uno de los eslabones más importantes del Corredor Biológico Mesoamericano, que se extiende desde México hasta Panamá; la Isla de Ometepe, única en el mundo con dos volcanes en medio de un lago de agua dulce y Bosawas, la más grande reserva forestal de Centroamérica.
Seaflower tiene 349,800 kilómetros cuadrados de mar y es el hábitat de más de 400 especies de peces, tiene ecosistemas completos, diversos rangos de hábitats y complejas formaciones coralinas resistentes a fenómenos climáticos.
“Ahí se podría enriquecer la investigación científica de Nicaragua”, afirmó Arríen.
Ver en la versión impresa las páginas: 2 A