“Yo padezco asma y el humo de los buses me afecta mucho, al punto que en las noches no puedo dormir”, cuenta Isabel Mendoza, comerciante del sector conocido como Gancho de Caminos, en el mercado Oriental. Desde hace seis meses recibe a diario el humo emitido por los tubos de escape de los buses que circulan en la capital.
Una vez que estas unidades superan los 50 mil kilómetros de garantía por parte de Albatransporte, la inspección mecánica va por cuenta de los propietarios, dice. Alejandro Moreno, jefe de Operaciones de la Cooperativa Parrales Vallejos, asegura que dan un mantenimiento técnico preventivo a todas sus unidades.
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A pesar de que el artículo 143 de la Ley para el Régimen de Circulación Vehicular e Infracciones de Tránsito establece que el tubo de escape de los buses del transporte urbano, interurbano y camiones cerrados de más de 12 toneladas debe estar colocado de forma vertical, en su mayoría los buses nuevos aún lo conservan horizontal.
Jorge Rodríguez, de la Cooperativa de buses Camilo Ortega, asegura que de las 33 unidades que la conforman, unas 15 ya tienen tubo de escape vertical.
El resto anda contaminando la ciudad e incluso poniendo en riesgo la salud de la población.
Según Juan Herrera Salazar, médico neumólogo, la exposición a este tipo de emanaciones podría provocar, además de enfermedades respiratorias, “una anemia por plomo tetraetilo, aditivo que se utiliza para aumentar el octanaje de la gasolina y darle más fuerza al motor”.
Motores también fallan
Alejandro Moreno, jefe de Operaciones de la Cooperativa Parrales Vallejos, asegura que los nuevos buses presentan ciertas complicaciones.
Según él, actualmente se encuentran haciendo ajustes en los motores para evitar futuras complicaciones. “El Gobierno mandó traer 855 kits de reparación y nosotros solo estamos asumiendo la mano de obra, ellos ponen la reposición del motor porque no son adecuados a nuestro país”, señaló el transportista.
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