Julio César Castillo Ortiz
Acudí al médico porque presenté unos síntomas inusuales. Después de un sinnúmero de exámenes el diagnóstico fue contundente, a mis setenta años de edad soy paciente de diabetes. Enfermedad que desde hace año y medio he venido investigando y cada vez más me doy cuenta que este mal destruye por completo al ser humano.
Es una realidad, la diabetes está compenetrando cada vez más con mayor violencia a nivel mundial, pero como es de esperarse algunas sociedades son más vulnerable a la propagación de este mal. Ya lo confirma la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando expresa que más del 80 por ciento de las muertes por diabetes se registran en países de ingresos bajos y medios, encontrándose Nicaragua dentro de esta categoría.
¿Qué debemos hacer ante la inminente presencia de esta enfermedad? Tomando en cuenta que este padecimiento no surge de la noche a la mañana sino que existe una historia natural de la diabetes, en donde los hispanoamericanos somos 1.5 veces más propensos a padecer de diabetes que las personas anglosajonas; y en nuestro país se estima que hay alrededor de 400 mil personas diagnosticadas con diabetes y unas 200 mil personas que padecen la enfermedad pero lo ignoran, sumado a esto muchos son pre-diabéticos, es decir, que en un par de años, si no cambian su estilo de vida, serán diagnosticados como diabéticos, estos datos provienen de la Asociación Nicaragüenses de Diabetología.
No solo los altos índices de pacientes en el mundo deben alarmarnos, sino la situación que se arrastra con un inadecuado trato de la enfermedad, teniendo en cuenta que la diabetes es crónica y aparece cuando el páncreas no produce suficiente insulina, causando un efecto de hiperglucemia, que es el aumento del azúcar en la sangre, que con el tiempo daña gravemente los órganos y sistemas del cuerpo.
Lo que pudo empezar con simples síntomas como: frecuencia en orinar, hambre inusual, sed excesiva y debilidad, puede terminar, por descuido o ignorancia del paciente, en pérdida de la vista, insuficiencia renal, complicaciones cardiacas y hepáticas, enfermedades en la piel y en los nervios o en el peor de los casos amputaciones en cualquier extremidad, siendo solo estas algunas de las complicaciones que empuja la diabetes, teniendo como resultado a nivel mundial un diabético muerto cada ocho segundos, según datos de la Clínica de Diabetes del Hospital Metropolitano Vivian Pellas.
El panorama que grafica la enfermedad es negro, más en países como Nicaragua, donde la mayoría de la gente no tiene los recursos para realizarse chequeos periódicamente y yendo más a fondo, nuestros malos hábitos alimenticios, sedentarismo y herencia genética nos llevan directamente hacia un encuentro con la enfermedad.
Solo me queda dejarles esta panorámica de lo que puede implicar la diabetes y hacerles un llamado a la conciencia de la prevención, somos un país predominantemente joven, en donde la ciudadanía y el Gobierno deben preocuparse por organizarse para evitar la expansión de esta enfermedad, revocándola con la implementación de programas integrales que faciliten un estilo de vida más saludable. Tenga en cuenta que con hábitos sencillos, como una alimentación balanceada, ejercicios, evitando el alcohol o el cigarro, estaremos cuidándonos de padecer la enfermedad.
A los que ya la padecemos, entendamos que en el cuido adecuado de nuestro cuerpo está el secreto para llegar a convivir con la diabetes, lo incorrecto es no prestarle atención y dejarnos inducir por la enfermedad al abismo de un sinnúmero de complicaciones que ella provoca. Valore su vida y la de su familia.
El autor espresidente de la Asociación Cristiana Jesús está Vivo.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A