Pedro J. Chamorro B.
A lo largo de la costa de Rivas he observado desde mi infancia que existen formaciones regulares y simétricas de piedra basáltica que penetran en el lago en forma diagonal a la costa, con una orientación de suroeste a noreste y en algunas partes incluso, sobresalen de sus aguas y conforman lo que se llaman comúnmente “corrales de piedra”.
El mismo muelle de La Virgen construido por los ingenieros norteamericanos que diseñaron “La Ruta del Tránsito” del Comodoro Cornelius Vanderbilt fue construido sobre una de estas formaciones o venas de piedra basáltica que en su parte norte tenía una depresión lo que facilitaba el atraque de grandes embarcaciones en aguas protegidas.
Esta observación fue posible en el último año “nema” de que tenga memoria, que fue en el crudo verano del 2007. Un año nema es el último de una serie de malos inviernos que hace bajar en verano el Cocibolca hasta sus niveles históricos más bajos, normalmente este ciclo se repite cada siete años.
En abril o mayo del 2007 el lago alcanzó este punto al extremo que se permitió observar la mayoría de los durmientes y los clavos de ferrocarril que conforman el muelle y que normalmente están bajo las aguas del Cocibolca descubriendo también la larga punta de piedra que penetra dentro de Lago donde está “montado” el muelle.
Formaciones de piedra de basalto o “lajas” similares existen a lo largo de toda la costa de Rivas, incluso son evidentes en el sitio donde se pretende que pase el Canal: el río Las Lajas, que precisamente lleva ese nombre porque en el lado norte de desembocadura hay una enorme “mesa” de laja donde descansan los restos de lo que fue el vapor San Carlos (visibles en el verano) uno de los dos vapores emblemáticos de la Ruta del Tránsito que fue capturado por William Walker en la Guerra Nacional y usado muchas veces para transportar a sus tropas filibusteras.
Ya sabemos que en la inmensa mayoría de sus extensiones, nuestra Mar Dulce no tiene la profundidad requerida para la navegación de los megacontenedores que pretende el proyecto del señor Wang Jing. Entre Las Lajas y Ometepe hay apenas 11.5 metros de promedio y se requiere una profundidad de 27.6 metros.
Pensar que, en caso de que el proyecto vaya adelante luego de los estudios de factibilidad, no se van a encontrar con un manto de piedra basáltica en el lecho lacustre después de haber dragado la arena y sedimentos que lo cubren, es ser irresponsable.
En el peor escenario, la construcción del Canal subacuático en los 80 kilómetros de trecho sobre el Lago, que dicho sea de paso, es la distancia total que tiene el Canal de Panamá, requerirá millones de toneladas de dinamita para quebrar las venas de piedra basáltica que impermeabilizan el lecho lacustre con el consecuente megadesastre ambiental.
Aparte de que el costo del Canal se incrementaría sustancialmente, porque de seguro no han tomado en cuenta este factor los ingenieros de Wang Jing que andan haciendo los estudios en helicópteros del Ejército de Nicaragua.
Solo extraer los sedimentos para profundizar el Lago representa una tarea de dimensiones faraónicas, nunca antes realizada en la historia de la humanidad, ya no digamos dinamitar su lecho para quebrar la piedra y posteriormente extraerla hecha pedazos para depositarla quién sabe dónde.
Lo anterior es una tesis que expuse el pasado 13 de agosto durante mi intervención en la Asamblea Nacional en lo que se denomina “previos”, pero me propongo demostrar de manera inequívoca y científica a la nación, en los primeros días de septiembre, avalada esta vez por los más connotados ambientalistas y científicos nicaragüenses.
El autor es diputado de la BDN y presidente de la Comisión de Turismo.
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