Carlos Castro Jo
El olor a cama y a cuerpo al levantarnos
y, más tarde, el olor a mujer recién bañada.
El olor a tierra mojada
durante el día.
El olor a sobaco
por la tarde después del trabajo.
El olor a flor de muerto
frente a la casa de los Ingrama
las ocho de la noche
cuando los niños juegan ladrón librado.
Y el olor a algas y a salitre
que viene con el viento de la bahía.
El olor a perfume
los viernes por la noche,
y a cerveza en el rancho de Archibold.
Y después otra vez el olor
a cama, a cuerpos mezclados,
el olor de su cuerpo
atrapado dentro de la cobija
como dentro de la noche
de su piel.
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