Adolfo Acevedo Vogl (*)
Suponemos que en el primer año de construcción se lleva a cabo una inversión de 8,000 millones de dólares, de los cuales el 70 por ciento corresponde a contenido importado, y por tanto no impacta sobre el nivel de actividad económica interna. Pero el restante 30 por ciento correspondiente al contenido doméstico sí tiene un impacto directo y multiplicador sobre la actividad económica.
En particular, habría un incremento muy fuerte del consumo de los hogares: el incremento del empleo y los ingresos empujarían un aumento del gasto de consumo, y los ingresos derivados de este mayor gasto a su vez se traducirían en una nueva ronda de aumento del consumo. También con toda probabilidad se produciría un auge muy fuerte del crédito al consumo.
Aquí suponemos que las importaciones se expanden también con una enorme fuerza, en primer lugar debido al considerable componente importado del proyecto del Canal, y en segundo lugar porque la masiva revaluación del tipo de cambio real aumentaría de manera apreciable la propensión al consumo de bienes importados, que ya es muy alta. Las exportaciones crecerían, pero estarían muy lejos de hacerlo en la misma proporción que las importaciones.
La sobrevaloración cambiaria, o apreciación del tipo de cambio real, es el mecanismo a través del cual la economía se ajusta para poder absorber el exceso de gasto interno sobre el ingreso, posibilitado por las considerables entradas de capital.
Este es el típico problema de “Enfermedad Holandesa” analizado en la literatura . Enfermedad holandesa es la sobrevaloración crónica del tipo de cambio real de un país, causada por un influjo abundante de recursos externos, que da lugar a una tasa de cambio claramente debajo de la que sería compatible con la rentabilidad de los sectores potencialmente transables de la economía (exportables o sustitutos de importaciones), aun produciendo con tecnología moderna.
Parte de este exceso de gasto se orientará hacia los bienes transables, sin afectar su precio —porque este está determinado por los precios internacionales— pero aumentará las cantidades demandadas, principalmente de bienes importables, ampliando la brecha comercial; y parte se orientará hacia los no transables elevando su precio relativo de equilibrio (es decir sobrevalorando el tipo de cambio real).
El resultado sería una enorme ampliación de la brecha externa de la economía, muy superior a la que explicaría por sí mismo el elevado componente importado de la construcción del Canal. Recuérdese que la entrada de capital para financiar dicha construcción es de 8,000 millones de dólares, pero la brecha externa que se debería financiar, según nuestra simulación, ascendería a 10,716 millones de dólares, debido a la demanda adicional de importaciones derivada de la expansión de la demanda de consumo importado.
Quedaría una brecha por financiar de 2,717 millones de dólares. Si no se consigue atraer el capital externo adicional necesario para financiar esta brecha, en ausencia de controles de capital, se produciría una aguda crisis de balanza de pagos. Si para evitar dicha crisis se introdujesen controles de capital, entonces se produciría una crisis inflacionaria galopante.
Sin embargo, supongamos que el auge económico temporal originado por la construcción del Canal atrae el capital necesario para cubrir esa brecha. Entonces se produciría un fenómeno aún más masivo de enfermedad holandesa. Esto bloquearía durante un largo período cualquier posible proceso de cambio estructural del resto de la economía.
Ello equivaldría a “echar sal” para que por mucho tiempo no pudiesen florecer en nuestro territorio las actividades transables, y en Nicaragua las actividades típicamente transables son la actividad agropecuaria, agroindustrial e industrial.
Esta masiva revaluación cambiaria resulta lo opuesto a lo que se requiere para promover un proceso virtuoso de reestructuración productiva, y para cambiar el tipo de inserción internacional.
Ello requeriría, por el contrario, mantener un tipo de cambio real alto y estable, que promueva la orientación de los recursos hacia los sectores transables (exportables y sustitutos de importaciones).
El tipo de cambio real competitivo es aquel consistente con la rentabilidad de la producción de una amplia gama de productos transables en el ámbito internacional, para su colocación en el mercado externo o el interno. Al ampliar la gama de productos potencialmente rentables se acrecientan también las posibilidades de crecimiento y diversificación de la producción y del empleo.
En presencia de un fenómeno masivo de enfermedad holandesa, con el proceso de cambio estructural de la economía bloqueado, podríamos tener como resultado un gigantesco enclave de alta tecnología, con muy limitada generación de empleo, con muy escasa capacidad de arrastre del resto de la economía debido sus escasos encadenamientos, en medio de una economía rezagada.
Por otra parte, al terminar el auge temporal la economía del país —de la cual el enclave canalero en lo fundamental no formaría parte— al cesar las enormes entradas de capital asociadas a la fase de construcción del Canal, el mismo sería seguido por una depresión y por un agudo estancamiento de la economía, por el efecto histéresis de la enfermedad holandesa, como ha ocurrido con tantos otros casos.
(*)Economista
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