Después de estar abajo 0-3 el año pasado en la Final ante Matagalpa, quizá no sea una situación de angustia extrema para el Bóer , estar ahora 0-2 ante la Costa Caribe.
Pero la diferencia podría ser el calibre del oponente. Esta Costa, con todo y que ha ganado a pellizcos, es una tropa de más estatura que aquel Matagalpa peleador.
Claro, eso no significa que la Costa sea invulnerable. No lo es. Sin embargo el grado de dificultad para la misión del Bóer ahora es más grande que en la Final pasada.
Y por cierto, el año pasado el Bóer tampoco completó la reversión de una Final, en la que tras ir atrás 0-3, logró el empate 3-3, solo para dejar escapar el cetro el último día.
Hay sin embargo detalles que pueden alentar al Bóer y a su barra: la Costa está 2-0, pero no ha dominado. Ha ganado con toda legitimidad, pero todavía sin autoridad.
El juego del sábado se decide por dos envíos sin control de Edgard Ramírez, pero ambos clubes tuvieron igual chance de ganar. Y el domingo el Bóer no bateó.
¿No bateó o no lo dejaron batear? Hay un poco de ambas cosas. El Bóer no es tan dócil como ha lucido, ni la Costa tiene un picheo tan dominante como parece.
Hay desde luego, gran mérito de la serpentina costeña. Ha apretado en el momento cumbre. El Bóer, en tanto, se ha precipitado y facilitado las cosas para la Costa.
No obstante, hay al menos dos juegos garantizados por delante y ahí habrá chance de ver a la Costa rematar, o al Bóer ensayando una remontada quizá hasta épica.
Por ahora la Costa va 2-0 y está a la mitad de la ruta que lleva al título, pero también de la barrida, una espina que desea sacarse desde el 2011, aunque Estelí no sea el rival.
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