Los sofocos en la mujer, un trastorno caracterizado por la repentina sensación de calor corporal y el aumento de la sudoración, muchas veces acompañados del enrojecimiento de la piel, se asocian fundamentalmente a una menopausia declarada y a sus efectos negativos, pero no siempre es así.
Aunque la mayoría de las féminas esperan que los sofocos lleguen con la menopausia, más de la mitad de ellas podrían empezar a sentirlos antes de que concluya la etapa fértil de su vida, de acuerdo a una encuesta en la que participaron alrededor de 9,000 mujeres de entre 45 y 56 años de edad.
Unas 1,500 participantes en este estudio de la Universidad de Washington (UW) y del Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson (ambos en Seattle, Estado Unidos), todavía presentaban ciclos menstruales regulares y no tomaban antibióticos ni terapia de reemplazo hormonal cuando se realizó el cuestionario.
Según los resultados el 55 por ciento de ellas señaló que había sentido un sofoco o una sudoración nocturna en algún momento.
CAMBIOS HORMONALES
Se sabe que los sofocos y la sudoración intermitente, asociados a la menopausia, ocurren cuando los cambios hormonales que sufre la mujer hacen que los vasos sanguíneos cercanos a la superficie de su piel se distiendan rápidamente y, hasta ahora, se creía que aquellas que tenían los ciclos menstruales regulares deberían producir suficiente estrógeno como para evitar este trastorno.
No obstante, y a la luz de esta encuesta de la UW, la doctora Reed cree que en adelante habría que revisar esa noción.
En este trabajo se puso de manifiesto que las mujeres hispanas parecen menos propensas a presentar los denominados síntomas vasomotores (VMS, por sus siglas en inglés), ya que los tuvieron el 41.7 por ciento de las participantes de este grupo de población.
¿CALORES CARDIOSALUDABLES?
Por otra parte, los sofocos y sudores nocturnos en algunos casos podrían relacionarse con un cierto efecto protector, ya que aquellas mujeres que los padecen al inicio de la menopausia podrían tener menos probabilidades de sufrir algunos problemas cardiovasculares, según investigadores estadounidenses.
“Aunque son muy molestos, los sofocos pueden no ser del todo malos”, ha explicado la endocrinóloga Emily D. Szmuilowicz, de la Universidad Northwestern, autora principal del estudio, junto con JoAnn Manson, del Brigham and Women’s Hospital, y Ellen Seely, de la Escuela de Medicina de Harvard, en EE. UU.
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