Soldados y policías patrullan los caminos de Ixtayotla, un pueblo del municipio Heliodoro Castillo, en el estado de Guerrero, afectado por la violencia del narcotráfico. LA PRENSA/AFP/PEDRO PARDO

Malviven con miedo

Florentino Soto, un campesino de 44 años, se dispone a regresar a Ixtayotla, un pueblo del convulso estado de Guerrero que luce prácticamente desértico. Esta es una de las trece comunidades del estado de donde unas mil personas en las últimas semanas que, ante las amenazas y agresiones directas de grupos no identificados de la delincuencia organizada, malviven en improvisados albergues habilitados por el Gobierno estatal.

Pedro Pardo/México/AFP

Florentino Soto, un campesino de 44 años, se dispone a regresar a Ixtayotla, un pueblo del convulso estado de Guerrero que luce prácticamente desértico. Esta es una de las trece comunidades del estado de donde unas mil personas en las últimas semanas que, ante las amenazas y agresiones directas de grupos no identificados de la delincuencia organizada, malviven en improvisados albergues habilitados por el Gobierno estatal.

Florentino está desde el miércoles en uno de estos albergues del municipio Heliodoro Castillo, pero decidió volver por unas horas a su pueblo para chequear su casa y terreno, temeroso de perder su siembra y ganado. Al llegar, la imagen del pueblo es desoladora. Mientras una decena de chivos, burros y perros deambulan por la abandonada cancha de baloncesto, otros animales tratan de rescatar la poca comida que queda al interior de las casas.

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El estado de Guerrero es productor de marihuana y ruta de trasiego de droga hacia Estados Unidos. Las autoridades no identifican a los grupos armados que se disputan el control de las zonas.

Guerrero comparte la convulsa subregión Tierra Caliente con Michoacán, donde el Gobierno lanzó un operativo policíaco militar para enfrentar al cártel Los Caballeros Templarios, enfrentado con el cártel Jalisco Nueva Generación.

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PATRULLAJE

“Vamos a causar lástima a la ciudad, estamos bien pobres. ¿Qué vamos a hacer, de qué vamos a vivir?”, se lamenta este campesino, consciente de que incluso si vendiera todo su ganado no le alcanzaría para una renta lejos de Ixtayotla.

Actualmente, no hay ni rastro de los más de 200 habitantes que solían vivir en este sencillo pueblo de montaña; solo la presencia esporádica de patrullas militares y policías estatales que circulan con sus coches por los sinuosos caminos de terracería.

La inseguridad en Guerrero llevó a que este año en diversas comunidades se crearan los grupos de autodefensa: civiles alzados en armas para, aseguran, defenderse de la criminalidad. “El día lunes mi esposo salió a trabajar y ya no regresó. Se supone que lo agarraron, lo secuestraron y ahorita no sabemos nada de él”, expresa afligida Leticia Rivas, madre de siete niños y vecina de Tetela del Río.

Secuestros, viviendas quemadas, vehículos e inmuebles baleados son comunes en varios puntos de Guerrero, cuyo gobierno decidió reactivar el mecanismo de atención a desplazados luego de que el 17 de julio iniciara el éxodo de personas desde el municipio de San Miguel Totolapan.

En este pueblo, las balaceras entre grupos criminales dejaron varias personas heridas y algunas casas incendiadas, lo que provocó que los habitantes se escondieran en una iglesia y luego decidieran huir del pueblo.

Víctor Manuel Torres, un discapacitado mental,  de 25 años, quedó solo en su casa porque su abuela, su única familiar, no logró llevárselo el miércoles.  LA PRENSA/AFP / PEDRO PARDO

“Tan pronto haya ese tipo de brotes los vamos a atender”, manifestó el secretario general de Guerrero, Jesús Martínez, al afirmar que algunos vecinos ya regresaron a sus hogares por los operativos de vigilancia de la Policía estatal y el Ejército.

800 personas, desde niños hasta ancianos, están refugiadas en Heliodoro Castillo, un municipio enclavado en la sierra, que pernoctan en colchones en la Comisaría de los bienes comunales.

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