Wang Jing
De repente un desconocido personaje de la siempre misteriosa China se volvió famoso en Nicaragua. Es el William Walker del siglo XXI. Un filibustero de nuevo tipo. Llamado por un partido político (otra vez), le entregan Nicaragua (otra vez) y le dan derecho de vendernos en retazos o por moños, bajo la manifiesta pretensión que de su mano vendrá el progreso (otra vez) pero con oculta intención (otra vez) de los nuevos calandracas que esperan con mucha ingenuidad que el filibustero solo hará el trabajo sucio, cobrará su paga de mercenario y se irá dejándoles el país maniatado y torturado.
Matarife
La mayor diferencia entre Walker y Wang es que el norteamericano parece haber sido un tipo muy inteligente, mientras el chino hasta ahora parece un bufón, que un día hace una exposición de su canal con el mapa al revés y al otro anuncia una ruta al bolsazo. Sin embargo, por eso mismo el segundo puede ser hasta más dañino que el primero, porque podría desbaratar el país y siempre podrá alegar que no sabía lo que hacía. ¿Quién tiene la culpa de la muerte de un paciente que fue operado por un matarife? ¿El matarife, el paciente o quien le puso el bisturí en la mano?
Mercado de conciencias
Vivimos unos tiempos y en un país donde a casi todo el mundo le han medido su precio. Compra y venta de conciencias. Las hay de todo precio. ¿Va a llevar marchantita? Unos se conforman con láminas de zinc, otros con un puesto de trabajo y otros con coimas millonarias. A algunos les toca pagar rotondeando y uno siente pena por ellos, pero les entiende. Otros pagan poniéndose la camiseta y repitiendo consignas hasta el cansancio, y se les entiende menos. Pero están los que no se ponen la camiseta, se las dan de dignos, pero pagan callando, dejando que los abusadores cometan el crimen frente a sus narices, mientras ellos hacen como que ven para otro lado. Esos son los peores.
¡Porque ronca!
¿Qué tienen en común la destitución de Agustín Jarquín y Xochilt Ocampo, las últimas elecciones y la sesión del concejo de Managua donde se bautizó a la rotonda de Plaza Inter como Hugo Chávez? Una sola cosa: la decisión de reafirmar que aquí ya los ciudadanos no eligen nada ni los representa nadie. Ya no es suficiente que el CSE aliñe a como quiera los números para otorgar los cargos que quiera, sino que los designados solo aprueban lo que el dedo señaló, lo cual anula sus funciones y pueden ser destituidos si no siguen la consigna bajo el simple argumento de “porque me ronca”, que parece ser la gran ley que rige estos tiempos.
Máquina trituradora
De Xochilt Ocampo oí decir: “Está bueno que le pase para que sienta un poco de la misma medicina que ella como orteguista aplicó”. Y de Agustín Jarquín he oído que se lo merece “por vendido y oportunista”. A mi criterio, quienes celebran se vuelven cómplices de este comportamiento abusivo. Porque aquí lo que está enfrentado es un sistema abusivo y arbitrario contra otro que pretende ser justo. No se trata, pues, de defender personas, sino de defender la institucionalidad y el Estado de derecho. Porque al celebrar que la máquina esta vez tritura a sus antiguos operadores, estamos reconociendo como legítima la trituración y el abuso del que tiene el poder como solución de sus problemas.
Los mudos
No es tanto que no quieran o tengan prohibido hablar, ¡es que no pueden hablar! Hay funcionarios y personajes que no pueden dar una explicación racional de su comportamiento. Se han enredado tanto que ya no saben lo que son. O lo saben, pero les da pena decirlo en voz alta. ¿Qué podría decir la comisionada Aminta Granera para explicar que la Policía bajo su cargo haya permitido (y participado) en el robo y agresión a ciudadanos que debía proteger durante el asalto pandillero a los jóvenes de #OcupaINSS? ¿Cómo puede justificar la comisionada que nueve meses después la Policía no haya presentado el informe de la investigación que prometió sobre los vergonzosos sucesos de Nueva Guinea, donde policías se convirtieron en delincuentes y delincuentes en policías? ¿Qué podría decir el señor René Núñez, presidente de la Asamblea Nacional, para explicar las inverosímiles destituciones e intromisiones del CSE contra diputados electos? No pueden hablar. Se corren. Se ponen nerviosos cuando hay periodistas. Mudos.
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