Humberto Belli Pereira

La luz de la fe

“Convertir la oscurana en claridad”, decía la canción de Carlos Mejía a inicios de la revolución sandinista. La frase manifestaba el anhelo universal por la luz. “Sin la luz todo se vuelve confuso y se vuelve imposible distinguir entre el bien y el mal”, acaba de decir en su primera encíclica el papa Francisco.

Nuestros ojos sirven para ver las cosas sensibles. Pero no para ver las cosas más importantes de nuestra existencia. Platón comparaba a la humanidad con unos prisioneros encadenados en una caverna, que de espaldas a una hoguera solo podían ver las sombras de quienes se movían detrás. Pensaban entonces que ellas eran la única realidad. Pero uno de ellos logró liberarse y descubrió otra realidad, aún más cierta, que causaba las sombras. Luego ascendió hacia el resplandor que se atisbaba a la entrada de la cueva hasta descubrir la presencia de árboles y montañas. Por fin vio al sol, del que procedía toda luz, y que Platón identificaría como la esencia o fuente del bien. Lleno de alegría volvió a la cueva para desatar a sus compañeros, pero estos, creyéndolo iluso, rechazaron su auxilio.

En su encíclica Francisco presenta a la fe, precisamente, como el último y supremo escalón en la senda del conocimiento. En el nivel más bajo están los sentidos. Luego está la razón, que permite penetrar realidades más profundas pero que no logra penetrarlo todo. Encima está la fe, que es la aceptación de lo que Dios ha querido revelar al hombre y que le confiere la plenitud del conocimiento o la posesión de las verdades más importantes.

Juan Pablo II había insistido en su encíclica “Fe y Razón” de que lejos de existir oposición entre ambas, la razón y la revelación eran como las dos alas de un pájaro que le permiten remontarse a la plenitud de la verdad. Francisco insiste ahora en que es urgente redescubrir como la fe es un faro potente capaz de iluminar toda la existencia del hombre y de la sociedad. Pero para lograrlo, advierte, hay que tener la humildad de dejarse inundar por la luz que procede de Dios. “La luz de la razón autónoma no logra iluminar suficientemente el futuro”, no dice, invitando a reabrirse a la revelación divina cuyo centro y esencia es Cristo, y quien dijo: “Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas” (Jn 12,46).

La curioso es que muchos de quienes resisten su luz, por creer que solo el conocimiento “científico”, u observable, es digno de crédito, no han tenido reparos para poner su fe en profetas destructivos —como los totalitarios del siglo XX— o en recetas socio-políticas, o modos de vida, incapaces de producir la felicidad que prometen.

En cambio la fe en Cristo, quien es verdad y vida, produce en quienes la abrazan, dice Francisco, una expansión radical de sus horizontes, una gran claridad sobre la existencia, y una alegría capaz de subsistir las pruebas más duras. Produce también en la sociedad un profundo efecto humanizador. Porque esencialmente se trata de un encuentro con un Dios que es amor, y que ama sin distingos a todos los seres humanos. “Por tanto la luz de la fe se pone al servicio concreto de la justicia, del derecho y de la paz… gracias a ella hemos descubierto la dignidad única de cada persona, que no era tan evidente en el mundo antiguo”.

Cualquiera puede encontrar esta fe. “Dios es luminoso, recuerda la encíclica, y se deja encontrar por aquellos que buscan la verdad con sincero corazón”.  

El autor es sociólogo, fue ministro de Educación.

Columna del día Opinión Carlos Mejía Papa Francisco archivo

COMENTARIOS

  1. Niña Vìctima de los Ochenta
    Hace 13 años

    Esa fe en la Luz del mundo hasta ahora es el muro de contenciòn de tanta rabia acumulada en nuestra gente.
    Cuando cosas macabras se nos ocurren a los ciudadanos contra el poder totalitario aparece esa Luz a los hijos de Dios para que no manchemos nuestras manos. Cuando nuestros buenos valores se transforman en algo diferente a lo que ella nos enseña para hacer prevalecer la justicia la Luz nos exhorta, advierte, protege y aconseja pero solo si la buscamos.

  2. Niña Vìctima de los Ochenta
    Hace 13 años

    Pedì en oraciòn a La Luz que me usara de instrumento de venganza y orden en el paìs para poner a pervertidos bajo tierra y liberar a nuestra gente, antes debìa obtener su aprobaciòn sin importar lo que yo querìa hacer, entonces tome la Biblia y le dije hàblame, esa luz me contestò con un pasaje que decìa ¨Acaso podràs someter a Leviatàn y ponerle una argolla en su nariz para que te obedezca?….si lo intentas no volveràs a levantarte¨. Entendì el propòsito de Dios en ello y me de

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