Cuando Hubert Silva me in vitó a observar un shortstop que recién había traído de Nandaime, lo primero que pensé es que era un niñito.
Y lo era. Tenía solo 14 años, pero aparentaba 12. Su cuerpo era empacadito, pero no pasaba de 5’5 pies y unas 140 libras, aunque era explosivo.
“A mí el que me gusta es el chiquito, pero cómo convenzo al jefe para firmarlo con ese tamaño”, me dijo el scout panameño Chico Heron.
Pero Everth Cabrera comenzó a crecer y no solo en estatura y peso, sino también en agallas. Y su carácter se hizo más firme cada día.
Este muchacho, que hoy veremos custodiando el shortstop en el Juego de Estrellas, fue antes torpedero en el Bóer y el Granada.
Y mucho antes en su Nandaime natal, pasando por las ligas infantiles y juveniles, antes de saltar a Mayor A, de donde lo captó Silva.
En el Bóer se recuerda la vez que se le metió la bola en la camisa, mientras el bateador giraba por el cuadro, en una escena divertida.
Pero incluso ahí, Cabrera estaba trabajando en serio. O cuando en el jardín central, se tiró por una pelota que le cayó como a tres metros.
Incluso, un día en Rivas cometió siete errores en el short y Martín Madriz salió corriendo a sacar a Bayardo Dávila del museo.
Pero ese muchacho, que hoy estará en el Cito Field, es ahora un maestro en las paradas cortas y su juego ha subido a un nivel asombroso.
Solo con una tenacidad como la de suya, se puede llegar tan largo. Hoy no solo es ejemplo por su esfuerzo, sino también por resultados.
Un salto desde el estadio Bayardo Morales de Nandaime al Citi Field de Nueva York, solo un grande puede darlo, a pesar de ser chiquito.
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