Las artes de Rossi López
La vida tiene sus grises y también sus colores. Para Rossi López Huelva, quien durante 65 años ha trabajado vitrales, mosaicos, cerámicas, esculturas y abstracciones “el arte es vida que la renueva con optimismo y aleja del dolor”, razón por la cual prepara su primera retrospectiva.
Un niño bailando trompos, una mujer cargada de frutas, bailarinas, personajes del güegüense, búhos, flores, y otras formas han sido sus temas predilectos vistos desde una expresión de belleza, alegría, ternura y colores, explica la artista.
López anunció que para celebrar sus ochenta años de vida montará una retrospectiva a exponer a finales de agosto en galería Praxis; también hablará un poco de su andar en la plástica nicaragüense y vida en el exilio.
Entre artes y protestas
Nacida en Managua un 6 de abril de 1933, López es considerada una de las primeras mujeres que destacaron en la recién fundada Escuela de Bellas Artes en los años cincuenta. Antes de finalizar sus estudios se casa con el diseñador australiano Joseph Rober Daly Twis y procrea a Giovana. Eran entonces sus días felices.
El involucrarse en luchas contra el régimen somocista hace que su vida cambie de rumbo. Junto con otras mujeres como Margarita Cardenal (madre de Pedro Joaquín Chamorro) organiza el grupo de Las Enlutadas para protestar por la masacre de los estudiantes en León de 1959.
Esto iba a tener un alto costo en su carrera de artista. Con un pañuelo tapándose la boca y otro en la mano se movilizan al atrio de la antigua Catedral de Managua, sitio tomado por la Guardia quien las reprimió quedando inconsciente por la golpiza, recuerda la artista.
“Y es lo que he hecho desde que llegué, usted me ve que no me meto en nada, porque en definitiva considero que lo que uno hace por el arte es política”, expone López, y agrega que “política por política no le interesa”.
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Fue llevada al hospital, al día siguiente llegaron dos militares enviados por Somoza, la acusaron de ser una de las organizadoras y le dijeron que el general (Somoza) mandaba a escoger: “La cárcel o el exilio”; entonces su padre Enrique López que estaba presente dijo: “La cárcel para mi hija no”, detalla Rossi. Esto cambiaría drásticamente su vida.
El dolor del exilio
“Cuando salgo al exilio mi niña tenía 3 años. Mi esposo había muerto en un accidente. Entonces mi papá me dijo ‘por favor no te llevés a la niña porque vas a empezar una nueva vida, hasta que estés trabajando y estés segura te podés llevar a la niña’. Por esa razón no me llevé a mi hija”, justifica Rossi, hecho que la llenaría de dolor y angustias.
Entonces salió para Washington donde tenía amistades. En este lugar tampoco encontró tranquilidad, la “discriminación racial era chocante”. Fue testigo de cómo a golpes sacaron de un cine a un negro.
Se contacta con José Gómez Sicre, director de la Unidad de Artes Visuales de la Unión Panamericana. En dicha reunión se encuentra con el pintor Armando Morales y el grabador mexicano José Cuevas, quienes la animan a volver a los caminos del arte.
Morales le pide la apoye. Gómez Sicre accede advirtiéndole que era una locura ir a Cuba por la situación social y convulsa que vivía. No obstante decide viajar a Cuba atraída por los aires de la naciente revolución, llega en octubre de 1959, a tres meses de la caída del presidente cubano Fulgencio Batista.
Sus años en Cuba
Y aquí vivió 20 años. Lo primero que hizo fue estudiar cerámica en la Escuela de Arte Cubanacán. A la par se hizo cargo de la oficina del FLN (Frente de Liberación Nacional) por encargo de Rodolfo Romero.
Fueron los días que llegó Carlos Fonseca Amador para reorganizar y fundar al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), trabajó con él varios años, revela López.
Otro de los personajes con quien entabló comunicación, cuenta, fue Ernesto “Che” Guevara, muy amigo del pintor y grabador chileno José Venturelli quien vivía en Cuba, con él se reunieron en su taller, el Che estaba ansioso de saber de la lucha de Sandino.
En estos años, continúa relatando, trabajó en el Museo Nacional, dirigido por la ceramista Marta Arjona, así también en la Dirección de Artes Plásticas del Ministerio de Cultura de Cuba.
De su arte rememora: “Hice muchas exposiciones de pintura y cerámica en Cuba, además me tocó atender a los maestros y llevar charlas de arte con otros artistas a los trabajos. Llegué a tener un nombre, porque gustaban mucho mis exposiciones porque no tenían que ver con las cosas cubanas”.
Al regreso a Nicaragua
“Cuando regresé dije a algunos comandantes que no quería ningún puesto o cargo y que me iba a dedicar solo al arte”, explica López dejando en claro que su más profunda convicción era vivir del arte y curar las heridas dejadas por el exilio al no poder ver a su familia.
Pero tuvo que esperarse un poco, porque fue conquistada para laborar con el poeta Ernesto Cardenal, entonces ministro de Cultura.
Al comienzo se negó a trabajar con él, pero como este le dijo que era por corto tiempo, accedió. Fundó la Dirección de Artes Plásticas y Diseño, y se encargó de organizar a los grupos de artesanos.
Durante un viaje de Cardenal a Europa aprovecha y entrega su cargo a la entonces viceministra Daysi Zamora. Ella se sorprende y Rossi le explica que no nació para estar detrás de un escritorio y que lo que quiere es dedicarse a su arte.
Funda un taller de vitrales y cerámicas que ahora comparte con su hijo Carlos Pérez López, quien continúa sus pasos.
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