Moisés Hassan

Yo tengo confianza

Nicaragua, uncida una vez más al yugo de una oprobiosa dictadura, está sufriendo. Bien conocida y larga es la lista de iniquidades cometidas contra la nación por ese individuo que se autollama presidente de Nicaragua; es ocioso, por ello, pretender analizarlas en este breve escrito. No obstante, imperdonable sería omitir toda referencia a algunas de las últimas hazañas del intrépido prócer. Acaso la menos gloriosa de ellas: la épica, exitosa, lucha que libró contra cierta ciudadana que, creyéndose diputada, se atrevió a defender conciencia y autoestima, y quiso ser ella misma por algunos minutos.

Luego, aún mayor valentía desplegó nuestro bravo caballero cuando, despreciando el peligro, apaleó, asaltó, a un grupo de en apariencia inofensivos ancianos y jóvenes que, escondidas en los bultos donde decían acarrear agua y alimentos, bien podían portar mortíferas armas, uno nunca sabe…

Pero donde nuestro héroe sacó a relucir, para los eternos escépticos, la auténtica madera de que está hecho, fue cuando, servil sonrisa en los labios —examinen las fotos, si no me creen—, niño necesitado de protección abrazando a su padre, se acurrucó a un ciudadano chino, el representante público de quién sabe qué innobles intereses, mientras le hacía entrega, suprema proeza, del cuerpo de la Patria, atado de pies y manos. Mas no por ello indefenso, es este el craso error de juicio de los alegres socios. Porque Nicaragua no está indefensa.

Pues hay muchos hombres y mujeres decididos, deseosos de ampararla contra esos ingratos hijos a quienes tuvo el infortunio de dar a luz, y que ahora, inmisericordes, la ultrajan. Estos hombres y mujeres están prestos a rescatarla de sus verdugos y a atenderla con amor —esa palabra tan mancillada en estos días— hasta que sanen sus heridas, se ponga de pie y emprenda la marcha indetenible hacia un futuro iluminado por leyes justas y sabias que, estrictamente respetadas, erijan murallas inexpugnables alrededor de los derechos naturales del ser humano. Empezando por los de pensar y, en el marco de esas leyes, expresarse y actuar libremente; derechos esos tan temidos y asediados por una dictadura que afanosa, inútilmente, se empeña en convertir al nicaragüense en un sumiso vasallo, un ser presto a obedecer las órdenes del amo. A cambio de algunas migajas. O, caso contrario, a abandonar su tierra, carne humana trocada en nuestro principal producto de exportación…

Y esos hombres y mujeres, unidos, jamás serán doblegados por la dictadura. Tendrá esta que marcharse por la puerta del fondo. Junto con la angustia… Cuando se logre forjar una unidad sólidamente asentada en principios irreductibles, innegociables. Principios que, para empezar, son incompatibles con la intención, y a veces hasta ansiedad —acompañada frecuentemente por irrespetos a la voluntad popular, la ética y la democracia interna— de acceder a cargos públicos para mejorar situaciones económicas, alcanzar poder y protagonismo, y recibir homenajes y pleitesías. Principios que, puestos en práctica, la hagan merecedora de la confianza de esa población, tantas veces como ella cifró esperanzas en promesas de redención que sujetos corruptos e inescrupulosos en disfraz de libertadores sin piedad burlaron; para que sus largamente acariciados sueños de riquezas y poder dejaran de ser una tentación…

Las amargas experiencias iniciadas en los años setentinueve, noventa y noventaiséis abrieron paso, entre la frustrada ciudadanía, a extendidos sentimientos de desconfianza, apatía e impotencia: la ansiada unidad está obligada a vencerlos. Logrado esto, estará también conquistado el más preciado de los tesoros, la credibilidad. El instrumento imprescindible —necesario, mas no suficiente, desde luego— para que un pueblo unido, exultando confianza, seguridad en sí mismo y decisión, arroje a la angustia por la puerta del fondo. Para siempre. Y recupere sus libertades, sus derechos y su patria. Sobre todo. Su patria, a la que habrá de arrancar de las garras celestinas que creen poder negociar su honra. A la que luego curará heridas, pondrá en pie y acompañará en el largo camino hacia su engrandecimiento.

Yo tengo confianza en que los esfuerzos que al presente se hacen superarán los obstáculos que en su sendero se interpongan, y en que la victoria, y con ella el inicio de una nueva etapa en la historia de Nicaragua, ardua pero plena de esperanzas, no está muy lejana…

El autor es escritor, autor de la maldicion del güegüense

COMENTARIOS

  1. Dios le oigo
    Hace 13 años

    Dios oiga estas palabras y se cumplan, para bienestar del pobre vilipendiado pais.

  2. contra
    Hace 13 años

    el pueblo se tiene que levantar es la unica manera de sacar a esta mafia criolla que usurpa el poder, solo asi entienden, hay que hacer paros, huelgas , ect,ect, si no la dictadura se extendera mas y peor que la de somoza…….

  3. roberto cuadra
    Hace 13 años

    Este artículo de Mosés Hassan brinda y trae alientos pacíficos de una lucha desigual contra una de las dictaduras fascistas más nocivas e inmorales del planeta, y una de las más violentas: agarrar a patadas a los ancianitos y meter en la carcel a nobles jovencitos que intentaban protegerlos de las criminales turbas danielistas y de una policía aporreando a los ancianitos, no tiene parangón en la historia. Pero los cambios vendran porque vendrán. ¿Verdad Minerva mía?

  4. justiciero
    Hace 13 años

    Las calles y la desobediencia seran la solucion.

  5. sentido comun
    Hace 13 años

    Nicaraguenses es hora de botar a este dictadorzuelo y su pandilla. Es insolito que este jugando con nuestro patrimonio nacional y se este riendo en nuestra cara, seria bueno expulsarlos de nicaragua y que lo que se han robado sea confiscado para crear fondos para los pensionados y los que no han recibido pension y para hacer inversiones en infraestructura, porque no hacerlo si se le hizo a somoza y a Arnoldo y que mas muestra queremos con la gran pobreza, represion e irrespeto a las leyes.

  6. Carlos H
    Hace 13 años

    Uno de los pocos hombres de valor que quedan en Nicaragua

  7. franz
    Hace 13 años

    Los áureos sonidos
    anuncian el advenimiento
    triunfal de la Gloria;
    dejando el picacho que guarda sus nidos,
    tendiendo sus alas enormes al viento,
    los cóndores llegan. ¡Llegó la victoria!
    por ser por la patria inmortal,
    ¡saludan con voces de bronce las trompas de guerra que tocan la marcha triunfal. Pronto llegara el cortejo!

    Reflexionemos un momento con nuestro Ruben Dario!

  8. jose m. fernandez.
    Hace 13 años

    Es un fenomeno increible el de estos excomandantes.Y la responsabilidad? La verguenza? La tricion? etc.,no reconocen ni aceptan publicamente con verdadero valor el desastre con el q’ contribuyeron activa y resueltamente.Es facil decirle hoy al pueblo todas estos cuentos de utopias estando sentado fresca y seguramente en una comoda casa.Renuncien y denuncien al comunismo publicamente y veremos.con la capacidad intelectual de este hombre no se puede decir q’ lo engañaron los comunistas.Piensen Sr

  9. Myriam Colindres-Chacon
    Hace 13 años

    Moises: Dios te oiga para que nuestro pobre pais»vuelva a ser el granero de Centro America, como lo fue en los anos 60 y 70″, que tu hijo Moises siga tus pasos y sea de los jovenes que quieran ver a su pais con la bonanza de esos anos , Que se levanten todos los jovenes nicaraguenses y defiendan a los adultos mayores que consigan «su pension reducida que tienen derecho». Adelante Moises no te quedes callado, siempre te admire, lucha por la libertad de tus hnos nicas. prof Myriam ColindresCha

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