El Cairo/Washington/ EFE/AFP
Estados Unidos llamó ayer a los militares en Egipto a ejercer “máxima contención” luego de que al menos 51 personas murieran y otras 435 resultaran heridas, en manifestaciones contra el derrocamiento del presidente Mohamed Mursi la semana pasada, aunque no decidió un corte de la ayuda militar en lo inmediato.
“No vemos ningún cambio inmediato en nuestras políticas en estos momentos”, señaló en rueda de prensa Michael Mann, portavoz de la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton.
Según indicó Mann, la UE mantiene “bajo revisión constante” sus ayudas a Egipto, tal y como hace “con todos los países”.
“Por el momento continuaremos ofreciendo ayuda, especialmente para la construcción de la democracia, las ONG y organizaciones de la sociedad civil”, explicó el portavoz, quien recordó que eventualmente la UE estaría en disposición de tomar decisiones “muy rápido” en este ámbito si lo considerase apropiado.
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“La estabilidad y el orden político democrático de Egipto están en riesgo”, dijo la portavoz del departamento de Estado, Jen Psaki, durante un breve encuentro con los periodistas, agregando que Washington condena “firmemente” la violencia de todas las partes y en específicamente los llamados a la resistencia de los Hermanos Musulmanes.
“Estamos muy preocupados por el aumento de la violencia en Egipto. Condenamos firmemente cualquier violencia o incitación a la violencia”, dijo Psaki.
La Casa Blanca señaló que cortar la ayuda militar a El Cairo no favorecería los intereses de Estados Unidos y que llevaría tiempo tomar una decisión sobre la financiación a largo plazo, luego del golpe militar de la semana pasada contra Mursi.
La jornada del lunes es considerada la más cruenta registrada en Egipto, tras el golpe militar del pasado miércoles, que ha disparado los temores al estallido de una confrontación civil.
Los sucesos, sobre los que los Hermanos Musulmanes y el Ejército ofrecen versiones opuestas, han aumentado la ya alta tensión y llevado al jeque de Al Azhar, la institución más prestigiosa del islam suní, Ahmed al Tayeb, a pedir un acuerdo de reconciliación “antes de que el país caiga en la guerra civil”.
El presidente interino, Adli Mansur, colocado por los militares en sustitución del islamista Mohamed Mursi, ha formado una comisión judicial para investigar de urgencia los hechos, en los que murieron en su mayoría simpatizantes del presidente depuesto, frente al cuartel general de la Guardia Republicana en el barrio de Ciudad Naser, donde se cree que está retenido.
También instó a los manifestantes a alejarse de “los centros vitales y las instalaciones militares” del país e insistió en que la seguridad nacional debe ser la prioridad para que el periodo transitorio termine lo antes posible.
Tras conocerse las dimensiones del drama, los Hermanos Musulmanes y su brazo político, el Partido Libertad y Justicia, emitieron sendos comunicados en los que acusaban a las fuerzas de seguridad de haber cometido una “masacre” y llamaban a los egipcios a lanzar una “intifada”.
Poco después, en una rueda de prensa desde la mezquita de la plaza Rabea Al Adauiya, donde se concentran a diario los defensores de Mursi, los islamistas presentaron vídeos y casquillos de bala para denunciar el papel del Ejército y la Policía.
“Este día jamás será borrado. Solo dos veces se ha disparado contra el propio pueblo egipcio: Israel (en referencia a las guerras que libraron ambos países antes de firmar la paz en 1979) y ahora (el jefe del Ejército, Abdel Fatah) Al Sisi”, dijo un portavoz de la Hermandad.
El Ejército y el Ministerio de Interior dijeron que sus fuerzas respondieron a un ataque de desconocidos con armas de fuego y bombas incendiarias contra el cuartel de la Guardia Republicana.
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