Irene López es una de las abanderadas por el rescate del folclor. LA PRENSA/ARCHIVO

Para Carlos Mejía Godoy

Escurcando y desenguaracando el baúl de mis recuerdos, buscando fotos, documentos, para escribir mi biografía, me encontré con una carta de los jueves que me enviaste con motivo de mis 30 años de vida artística, y que solías escribir en un diario local, por los años 95.

Irene López

Escurcando y desenguaracando el baúl de mis recuerdos, buscando fotos, documentos, para escribir mi biografía, me encontré con una carta de los jueves que me enviaste con motivo de mis 30 años de vida artística,  y que  solías escribir en un diario local, por los años 95.  

Sacando partes que vos escribiste  y que yo recuerdo junté las cosas que consideré más importantes: Un domingo  llegaste con tu inseparable serrucho a mi programa Retablo Folclórico que tenía en Radio Mundial en los años sesenta.  

Ese día te presenté a José Robleto, alias “El Zopilote”, cantante, compositor, guitarrista, y fundador del trío Pinolero junto con Justo Santos.

Meses más tarde, en el mismo programa, te presenté a Santiago Paiz Carvajal, “El Indio Pan de Rosa”, el gran trovador del terrero, quien llegaría a ser tu inseparable amigo.  

Para mí, un artista con talento especial, amigo leal e incondicional. Después platicando los dos  te dije: “Carlitos no podemos dejar morir esto.  Tenemos que convocar, divulgar, fomentar y promover”. Me contestaste, mientras tocabas suavecito en tu serrucho unas melodías que recién estabas desenguaracando: “No son mías —me dijiste— son anónimas”… ¿Y porqué no compones las tuyas?

Es interesante y más que todo emocionante recordar cosas que son parte de nuestra historia y que a través de los años hemos hecho realidad.  

Vos con tu música, tus canciones, tu creatividad. Yo bailando y  creando coreografías,  inspirándome  en tus bellas composiciones llenas de tanto amor a Nicaragua, que es tan chiche embriagarse de  identidad  y elaborar coreografías hermosas.  

La primera que elaboré fue El Ofertorio de la Misa Campesina , presentada por primera vez en 1976; La Nicaragüita la presenté en 1982; Los árboles , que desde 1997 las tengo integradas en mi obra Los hijos del maíz .

Y de allí ha seguido el rancho ardiendo. Creando y recreando danzas con tu música, Yo te amo Nicaragua la estoy integrando en mi nueva obra y me ha venido como anillo al dedo  y que, como vos bien decís, nuestra creatividad está en perenne sintonía. 

Más de cuarenta años han pasado. Nos hemos dejado de ver por meses y por años. Pero siempre hemos estado unidos en esa perenne sintonía que es la batalla frontal por  nuestra identidad nacional.

No sabés cuán orgullosa me siento de ser tu amiga y hermana en este quehacer y muy emocionada al verte bailar en tu homenaje El garañón que yo te enseñé.

Felicidades, amigo, hermano.

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