En realidad es bastante sencillo de comprender

Como hemos reiterado tantas veces, Nicaragua se encuentra atravesando la fase cimera del bono demográfico. Se trata de la fase de la transición demográfica en que la población en edades productivas alcanza su mayor nivel en la historia como porcentaje de la población total, mientras el porcentaje de niños se está reduciendo y los adultos mayores todavía representan una fracción reducida. Esto significa que, por un lapso de tiempo limitado, la población en edades productivas constituirá la fracción predominante de la población.

Adolfo Acevedo Vogl

Economista

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Como hemos reiterado tantas veces, Nicaragua se encuentra atravesando la fase cimera del bono demográfico. Se trata de la fase de la transición demográfica en que la población en edades productivas alcanza su mayor nivel en la historia como porcentaje de la población total, mientras el porcentaje de niños se está reduciendo y los adultos mayores todavía representan una fracción reducida. Esto significa que, por un lapso de tiempo limitado, la población en edades productivas constituirá la fracción predominante de la población.

Si esta población encuentra empleos de productividad no solo elevada, sino creciente, se podría producir un milagro de crecimiento económico como el de los países del Sudeste Asiático. El crecimiento de la economía es idénticamente igual al número de personas en edades productivas que se encuentran ocupadas, multiplicado por la productividad promedio de estas personas.

Lo que ocurrió en los países del sudeste asiático resulta así mucho más sencillo de entender: durante las décadas que duró el bono demográfico, el fuerte crecimiento de la población en edades productivas estuvo acompañado por la creación paralela de empleos de productividad elevada y creciente, y dicha población estuvo habilitada con los crecientes niveles de calificación requeridos para desempeñar estos empleos.

Esto fue lo que hizo posible las tasas de crecimiento económico que permitieron a un país como Corea del Sur pasar de ser un país sumamente pobre a un país desarrollado, en solo unas cuantas décadas.

En Nicaragua, por el contrario, el mayor crecimiento en la historia de la población en edades productivas ha estado acompañado en las últimas décadas, por el hecho de que siete de cada diez empleos generados han sido empleos precarios e informales, de muy baja productividad.

Esto da lugar no solo a tasas de crecimiento mediocres, sino que también determina que, puesto que la productividad promedio es una media ponderada, al ser la mayor parte del empleo de muy baja productividad, esto presiona a la baja la productividad promedio y determina que el ingreso per cápita también sea muy bajo.

Se trata de un círculo vicioso. Por una parte, la economía genera predominantemente empleos precarios, multiplicando los cuentapropistas y los trabajadores familiares sin remuneración en el sector informal, empleos que para ser desempeñados no demandan mucha calificación.

Por otra parte, una fuerza de trabajo caracterizada por su bajísima calificación, la cual puede ser absorbida fundamentalmente por este tipo de empleos precarios.

Si no se consigue romper este círculo vicioso, la oportunidad representada por el bono demográfico se habrá perdido para siempre, y el país arribará en unas pocas décadas más a la siguiente fase de la transición demográfica —la fase del envejecimiento poblacional—, siendo un país pobre.

Corea del Sur era un país predominantemente agrícola, mucho más pobre que Nicaragua, que emergió con dos terceras partes de su capacidad industrial destruida por la Guerra de Corea. No partió de una mejor situación que la nuestra. Su éxito tampoco es atribuible a una “cultura milenaria”, puesto que la misma existió precisamente por milenios, pero fue solo hasta en la segunda mitad del siglo XIX, cuando se implementaron políticas sumamente activas de cambio estructural, que este país, aprovechando el bono demográfico, pudo remontar su enorme rezago y crecer a tasas aceleradas.

Las políticas para promover el cambio estructural y el desarrollo, consisten en utilizar toda la batería de instrumentos y herramientas de política económica —generales y selectivas— que se tengan disponibles para promover la creciente diversificación de la estructura de la producción y el empleo, y la transferencia de factores productivos, hacia actividades cada vez de mayor productividad, de mayor densidad tecnológica, elevados encadenamientos con el resto de la economía, y elevado dinamismo de la demanda interna y externa.

Esto implicaría resolver los problemas de coordinación de inversiones que deben efectuarse simultáneamente, derivados de la existencia de complementariedades; generar los incentivos temporales necesarios para impulsar dicha transferencia, condicionándolos estrictamente a criterios de desempeño mesurables; resolver el problema de la carencia de instituciones de fomento que financien la inversión de mediano y largo plazo y la asistencia técnica indispensables para concretar este cambio; proteger las nuevas capacidades generadas durante el período de aprendizaje pero impulsándolas cuanto antes a someterse a la competencia internacional; y sobre todo, desarrollar la capacidad del país para reducir, lo más rápido posible, la enorme brecha tecnológica que lo caracteriza.

Finalmente, hay un punto que es importante aclarar. Ningún país se ha desarrollado a partir de enclaves de alta tecnología. Este tipo de enclaves, precisamente por su elevada densidad de capital, generan una cantidad muy limitada de empleo. Por ello impactan poco sobre el nivel promedio de productividad: dado que esta es un promedio ponderado, cualquier aumento en la productividad del número tan limitado de trabajadores se ve contrarrestado por la presión a la baja de la productividad que provoca la mayor parte de la fuerza de trabajo ocupada en actividades de muy baja productividad.

Por otra parte, estos enclaves, por sus limitados encadenamientos, tampoco tienen capacidad de arrastrar tras de sí al resto de la economía, y esta, al continuar la mayor parte del empleo siendo generado por actividades de baja productividad, continuara entrampada en el circulo vicioso que restringe su desarrollo.

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COMENTARIOS

  1. jose m. fernandez.
    Hace 13 años

    Parte de la ecuacion para aporvechar al maximo posible el bono demografico seria contar con una democracia representativa en el pais,con verdaderos estadistas de vision progresista y desinteres propio,gobernantes transparentes q’ cumplan y rompan la detestable norma delcaudillismo dictatorial.Con una economia sana y saludable incorruptible seriamos capases de atraer capital de inversion en gran escala.y despues de producir riqueza ahorrar esmeradamente para cuando venga el otoño demografico…

  2. fultp
    Hace 13 años

    Mientras nuestros funcionarios de gobierno sean serviles al dictador, no habra posibilidad de que avancemos para lograr ese provecho del bono demografico

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