Ramón H. Potosme
No hay contrato. Esa es la conclusión categórica del ingeniero eléctrico y especialista en grandes contratos sobre materia energética, Fernando Bárcenas, quien plantea que el Acuerdo Marco de Concesión e implementación con relación al Canal de Nicaragua y Proyectos de Desarrollo (MCA) no reúne los requisitos para un compromiso de esa naturaleza.
El grupo fue recibido por el emir de Kuwait, Sabah al Ahmad al Jaber Al Sabah, a quien le fue entregada una carta personal del presidente Daniel Ortega.
El jefe de Estado kuwaití manifestó la disposición de su gobierno de fortalecer los lazos de amistad, cooperación, comerciales y de inversión con Nicaragua.
Asimismo, se mostró muy interesado en el proyecto del Gran Canal Interoceánico nicaragüense, que tendrá un fuerte impacto en las relaciones comerciales y económicas a nivel internacional.
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Bárcenas explica que un contrato existe cuando hay instituciones para cada naturaleza del proyecto y, por lo tanto, no existe contrato alguno donde se engloben siete u ocho subproyectos de naturaleza distinta. Según su experiencia no es posible que un proyecto tenga un ferrocarril y un canal o un oleoducto.
“No pueden estar un ferrocarril, un oleoducto, un aeropuerto o puerto de aguas profundas englobados sin descripción de la naturaleza física, jurídica, fijadas en un contrato. Cuando esto se engloba, en realidad no hay contrato alguno”, explica Bárcenas, quien fue presidente de la Comisión Nacional del Mercado Eléctrico de Nicaragua.
El especialista señala que para un contrato deben existir normas específicas para regular la actividad o servicio que se pretende ofrecer. Además el país debe tener un ente que otorgue las licencias porque no puede venir una compañía sin cumplir requisitos técnicos. Indica que no puede haber una mezcolanza y que la llamada Comisión del Canal no es un ente con especialistas en la materia como para otorgar licencias o elaborar normas técnicas.
El ingeniero especifica que en el caso de que Nicaragua estuviera interesada en construir un ferrocarril, debería tener las normas técnicas y, si no las tiene, debería homologarlas de países con experiencia como Brasil e Italia. Debe cumplir con normas técnicas, operativas y comerciales.
BURDO CONTRATO
“Es tan burdo que cualquiera que sabe de contratos ve que aquí no hay ningún contrato. No hay nadie sometido a un ente que dictamine normas y que monitoree o dé las licencias”, indica Bárcenas.
Bárcenas explicó que en un proyecto serio hay etapas. La primera es la exploratoria, que es donde está inmerso el estudio de factibilidad, en el cual presenta un cronograma que deberá ser parte del contrato. Sin ello cualquier documento firmado podrá ser botado en un cesto de basura.
El cronograma, según Bárcenas, debe explicar cuándo será el primer año de operaciones comerciales y cuándo será el cierre financiero de esa empresa. Al respecto mencionó que las etapas para cada subproyecto son distintas, pues un ferrocarril tarda mucho menos tiempo que la construcción de un canal interoceánico.
Ninguna de los requisitos planteados por Bárcenas están dentro del MCA. Por lo tanto, según el ingeniero no hay obligaciones estipuladas para el inversionista ni el desarrollador.
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