La Policía de Turquía lanzó ayer agua a presión, hicieron cordones policiales y lanzaron gases lacrimógenos para dispersar a los numerosos manifestantes de la calle Istiklal tras haber sido expulsados de la plaza Taksim, símbolo de las revueltas en las últimas cuatro semanas, y donde había celebrado una protesta con claveles rojos.
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