Jeniffer Castillo Bermúdez
Hoy, como todos los días, “Marisol” tiene que despertarse a las 5:00 a.m. Su rutina inicia a esa hora. Primero va a la escuela y a la 1:00 p.m. se quita el uniforme y se pone su delantal para vender las 150 tortillas que su mamá preparó mientras ella estaba en clases.
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Su mercado es la zona seis de Ciudad Sandino. “Ya tengo las casas que siempre me compran, por eso me voy por esas calles y las vendo rápido”.
Ella recorre más de un kilómetro y a las 4:00 p.m. vuelve a casa con 300 córdobas en la bolsa.
Tiene 8 años y nunca ha escuchado sobre el Programa Amor, la política social del Frente Sandinista que prometía que para el 2011 ya no habrían más niños trabajadores en las calles.
En Nicaragua hay 238,827 niños, niñas y adolescentes trabajadores, pero se desconoce cuántos de estos niños asisten a la escuela.
Para Marvin Marenco, secretario de la Confederación de Trabajadores por Cuenta Propia, el Programa Amor necesita ser más efectivo para conseguir que los niños vayan a la escuela en vez de vender o limpiar vidrios en los semáforos.
Solo en Managua —afirma Marenco— hay alrededor de 2,000 niños y niñas trabajadores de la calle, pero el 80 por ciento de estos ya asiste a la escuela y 150 niños y niñas están en alto riesgo.
“El Programa Amor está dirigido a niños de cero a seis años (…) es evidente que necesitamos más recurso humano e infraestructura para incluir a los niños que todavía no logran integrarse”, dice Marenco.
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