Esta noche de miércoles, en medio del plantón, lo único que se sabe de los abuelos que están adentro del edificio del INSS (Instituto Nicaragüense de Seguridad Social), es que están sin agua y sin comida. Y los que están afuera, que en la tarde aguantaron gases pimienta, golpes y empujones de la policía que resguarda como un fortín el edificio acristalado de la Seguridad Social nicaragüense, quieren eso: llevarles comida, agua y medicinas. Hay tres médicos afuera, vestidos con gabacha, quieren entrar, pero del tercer cordón policial, no pasan.
La Policía niega cualquier posibilidad de llevarles víveres a los ancianos, y además reprime. De vez en cuando el nudo de brazos de los policías, se abre y se traga a los manifestantes. Es un juego perverso. “25, 25”, grita un policía moreno y bajito y acto seguido el nudo de brazos se suelta, salen tres o cuatro policías y jalan a alguno de los que protestantes. Al final de la noche en el plantón se habla de nueve detenidos, entre ellos Elvis Bustos, un estudiante de comunicación social. Ahora, en el transcurso del día cuando el gobierno a través del sindicalista, Gustavo Porras ha anunciado que se movilizarán el lunes, van más detenidos y apaleados.
La última vez que entró algo de comida y medicinas para los mayores fue el martes por la noche cuando empezaron a llegar el contingente de chavalos que espontáneamente se han juntado para apoyar la protesta de los “adultos mayores”, que comenzó este lunes con la toma de las instalaciones del INSS en Managua y sucursales en los departamentos.
“El martes solo éramos cuatro gatos, y los policías estaban ahí en las vallas, y nos dejaban pasar sin problemas, llevarle la comida, el agua y las medicinas para los viejitos. Hasta nos contábamos chistes con ellos”, dijo una de las chavalas que por segunda noche consecutiva se plantó en los alrededores del INSS. Ese martes, a la hora en que los chavalos llevaban víveres al INSS, gran parte del país estaba idiotizado viendo la final de baloncesto de la NBA.
Hacia las ocho de este miércoles, Anastasio Obando y Augusto Reyes, salen por uno de los costados del cordón policial. Estaban adentro, entre los abuelos que resisten sin agua y sin comida. Obando y Reyes contaron que por enfermedad y agotamiento se largan. Uno tiene úlcera y el otro múltiples dolencias. Pensaron que mejor se iban antes de enfermarse más. A Obando su hija lo estuvo llamando, preguntándole que cómo estaba. “Con esta ropa he estado desde el lunes, y solo traje la comida que me alistó mi esposa. No he tenido más”, dice Obando de 70 años, con domicilio en el barrio 14 de Septiembre.
En el plantón no habían los 15,000 que fueron al concierto de Molotov, una banda que incita a la contestación social, pero los 200 o 300 que estaban anoche pagaron el boleto de la solidaridad. Los chavalos se han autoconvocado, y convocado a otros, por las redes sociales en internet, twitter y facebook. “Los viejitos no se quebrantan son unos robles, lo más digno que tenemos en este país”, tuiteó uno de los jóvenes.
Desde las redes han organizado colecta de víveres y medicinas para los adultos mayores que esta vez llevan cuatro días, pero en realidad ya son cinco años exigiendo al gobierno lo que llaman “pensión reducida”, cobrar algo por los años de cotizaciones que acumularon que son menos de las 750 para tener una pensión plena.
Alejandro Pavón, de 68 años, trabajó desde los 18 años. Fue albañil. Ganó bien. A lo largo de su vida laboral trabajó en más de una docena de empresas. Recuerda que todas le quitaban lo “del INSS”, pero cuando fue a preguntar, no tenía ni 400 semanas pagadas. Pavón vino de Niquinohomo el martes en la mañana. Allá se tomaron las instalaciones pacíficamente. No hubo violencia. La policía “fue tranquila”, dice. Aquí, en Managua, es otra cosa. “Nunca se había visto así con nosotros”, dice, pero aclara que no está dispuesto a irse.
Hay cantos en el plantón. Parodian una de las canciones del gobierno. “Lo que queremos es agua y pan”, canta el coro que está sentado en el asfalto de la calle más transitada del barrio Martha Quezada, cuya circulación se cortó desde la mañana del martes. La vía se inundó de gases, de gritos y consignas que repudian a la policía, al gobierno y la jefa de la policía, Aminta Granera. Más luego se entona el himno emotivo del país: “Nicaragua, nicaragüita”. Hay fervor en el canto.
“Si esto no es una dictadura ¿qué es?”, pregunta el estribillo de una canción. Algunos abuelos fundidos por la jornada se repliegan en las aceras y se adormecen, pero como los gatos siguen alertas. Entre ellos Pavón. Hay velas clavadas en el asfalto. Los policías siguen con los brazos trenzados. Algunos son relevados. Al plantón llegan más chavalos. Se animan con cantos, hasta con bailes. Todo acaba en la madrugada cuando la policía expulsa a los abuelos que están en el edificio, algunos fueron llevados al hospital. Muchos siguen allí y resisten en el cuarto día de protesta.








