Lucydalia Baca Castellón
Sobre la base de sus más de veinte años de experiencia laboral en distintas instituciones vinculadas a la caficultura Edgar Berríos Escorcia asegura que la roya simplemente vino a poner en evidencia una serie de debilidades que el sector arrastra como consecuencia de decisiones erradas, que se han tomado en los últimos años.
Berríos actualmente coordina el Programa Café & Cacao para Centroamérica de la Fundación Solidaridad Network de Holanda que trabaja en alianza con el Servicio Nacional Holandés (SN).
Para contribuir a solucionar la crisis que enfrenta la caficultura dicha organización elaboró un diagnóstico, que además de revelar problemas como la baja productividad, carencia de asistencia técnica y falta de semilla de calidad, pone al descubierto la necesidad de organizar adecuadamente al sector y buscar la ayuda de organismos regionales.
Eso permitiría luego echar a andar un programa de renovación que ha sido propuesto por varios sectores, tanto los privados como del Gobierno, pero que debido a la falta de recursos financieros este no ha podido concretarse.
En base a este diagnóstico, ¿qué proponen para resolver los problemas del sector cafetalero?
Se tiene que hacer un plan para atender la caficultura de manera integral, porque la roya básicamente vino a despertar y a dejar al descubierto los problemas de la caficultura. El problema es quién asume el liderazgo, dónde está el liderazgo de este país. La otra cosa es que quien asuma el liderazgo tiene que contar con el apoyo de todas las organizaciones del sector privado, la cooperación externa… ¿Qué pienso en términos de la cooperación externa?, que por ejemplo, si hay cuarenta proyectos de café, se debe analizar en dónde están ubicados y en qué áreas temáticas están concentrados, a fin de no duplicar recursos, sino hacerlos complementarios. Por ejemplo, si yo estoy trabajando en beneficio húmedo en Matagalpa y tengo otra zona donde no hay, entonces miremos dónde se pueden hacer experiencias, investigaciones aplicadas para posteriormente ver los resultados y validarlos en todo el país, en función de los rendimientos positivos.
¿Cuáles son los puntos débiles del sector que identificó el diagnóstico?
En primer lugar hay que entrar de lleno al problema de la roya, eso es algo que no se puede descuidar, pero esto es algo coyuntural. Luego es la organización. Se tiene que crear una organización que aglutine a todos los sectores, sector privado, sector público, cooperación externa y sobre todo amplia participación de los productores. Es necesario ordenar la cooperación externa en función de proyectos específicos, que vayan en correspondencia a las necesidades de la caficultura, siempre poniendo énfasis en las necesidades específicas de los pequeños productores.
Es importante hacer esfuerzos en términos de la búsqueda de financiamiento, para que este sea accesible principalmente a los pequeños productores. Es importante tener un equipo de base de manera permanente que funcione donde está la producción. En Managua se puede tener un equipo administrativo, pero todo el andamiaje de la organización debe estar en la zona productiva. También es importante identificar claramente los otros problemas del sector, además de la roya.
¿Cuáles son esos otros problemas?
En primer lugar Nicaragua tiene que pagar lo que le debe al Programa Cooperativo Regional para el Desarrollo Tecnológico y Modernización de la Caficultura (Promecafé), Nicaragua no puede vivir aislada tiene que pagar para poder regresar a Promecafé. Se estima que son más de 150,000 dólares los que se deben y por no pagar esas aportaciones es que el país ha estado 15 años sin investigación, sin asistencia técnica y sin participación en proyectos regionales.
¿De dónde surge esa deuda?
Surge después de que el señor Amílcar Navarro asume el control de Unicafe (Unión Nicaragüense de Caficultores) y toma la decisión de no pagar la cuota anual establecida. Entonces esa deuda se ha venido acumulando y eso ha afectado. Además cuando coordiné el programa nacional de extensión cafetalera, todos los años se hacían dos capacitaciones en función de formar técnicos para brindar asistencia técnica.
Esas capacitaciones se hacían en el norte durante una semana y venían a impartirla los especialistas de mayor nivel académico y de experiencia en Centroamérica. Eran especialistas en fisiología vegetal, en fertilización, en manejo integrado de plagas y enfermedades, especialistas en suelos, en cosecha, en beneficio húmedo y beneficio seco, es decir en todos los eslabones relacionados con el incremento de la productividad.
Al final de las capacitaciones los participantes, cuyo promedio de calificaciones superaba los setenta puntos, eran acreditados para brindar asistencia técnica, eso se debe retomar. Si las cosas se hacen correctamente, sobre todo en la capacitación de los productores, a partir del quinto año del programa de renovación se puede ir incrementando hasta en un diez por ciento anual la productividad para alcanzar un incremento del treinta por ciento al séptimo año.
¿La decisión de abandonar Promecafé fue del Gobierno o del gremio?
En realidad fue una decisión de las personas que estaban al mando de Unicafe en ese momento. Luego hubo roces entre el mando de Unicafe y el Gobierno de Arnoldo Alemán y entonces el presidente le dio de baja al decreto de formación de Unicafe de modo tal que los dos dólares que la instancia percibía por cada quintal de café exportado dejaron de aportarse. La falta de oxigenación que le otorgaba el dinero llevó al colapso a la organización.
¿Técnicamente qué debe hacerse para aprovechar ese potencial que usted considera convertiría al país en el principal productor de café de la región?
Se debe partir de un diagnóstico y luego habría que contratar técnicos de experiencia que determinen si las variedades que se están cultivando son las adecuadas o si deben cambiarse por otras como lempira, sarchimor o las que está desarrollando Promecafé.
En nuestro medio las variedades que deberíamos utilizar son las que se utilizan en el resto de Centroamérica, porque básicamente en la región tenemos las mismas condiciones de clima y suelo, y si Promecafé ya las evaluó en el resto de la región, solo restaría hacer las gestiones necesarias en función de las cantidades de semilla que el país va a requerir en el futuro. Tomando en cuenta el problema de la roya, la sustitución de las variedades debería hacerse en el corto y mediano plazo. La asistencia técnica debe ser permanente. Y como todo aspecto biológico es cambiante hay que estar año con año refrescándose y actualizando las nuevas tecnologías que van surgiendo.
¿Cuánto costará un plan con estos componentes y qué tiempo tomaría su ejecución?
Un plan de este tipo viéndolo a corto y mediano plazo, si existe la voluntad y los recursos, se pudiera desarrollar en unos tres o cuatro años. Cualquier plan de renovación de acuerdo a los cálculos nuestros, estaría costando 7,000 dólares por hectáreas y tiene que considerar financiamiento a siete años con al menos cuatro años de gracia, para darle la oportunidad al productor de comenzar a producir para comenzar a pagar.
Estimo que la renovación debe ser del cincuenta por ciento de las áreas cultivadas. Esto es un dato general, pero insisto debe partir de un diagnóstico circunstancial que permita conocer, como dice el refrán, dónde está chimando el zapato. Y debe estar concentrado en los pequeños productores, porque representan más del 82 por ciento del área. Estamos hablando de casi 28,000 pequeños productores que tienen menos de cuatro hectáreas. Ahí es donde se tiene que enfocar cualquier estrategia, porque normalmente los medianos y los grandes siempre han tenido recursos para solventar su problemática, en cambio los pequeños son los que no los tienen.
¿Y los recursos dónde se obtendrían? Hace un año Funides (Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social) presentó una propuesta de renovación de la caficultura y aún no consigue recursos para financiarlo.
Creo que una opción sería el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), también habría que volver a tocar las puertas del BID (Banco Interamericano de Desarrollo), porque estos son préstamos para largo plazo que la actividad puede pagar sin ningún problema. Simplemente es hacer las cosas bien, que no se incurra en el error que se cometió durante el gobierno de doña Violeta (Barrios de Chamorro) que se sacó un plan de renovación y al segundo año se restringió el crédito a los productores. Ellos se quedaron sin el crédito y con sus propiedades prendadas como garantía. También hay que pensar seriamente en los pequeños productores que no tienen títulos de propiedad. Para ellos una opción puede ser que la garantía crediticia sea una parte de la cosecha, como funciona con las empresas exportadoras.
Se están explorando todas las posibilidad con la cooperación, hay programas que por cada dólar que uno aporta ellos ponen tres. El Gobierno tiene que jugar un papel aglutinador para reunir todos los recursos de la cooperación externa. Es posible que la cooperación externa sabiendo que el café es estratégico para la economía del país facilite los recursos.
¿Qué papel jugaría el aporte por quintal exportado que antes administró Unicafe y ahora el Gobierno pretende restablecer?
Creo que es factible reiniciar este cobro. He conversado con varios productores y están anuentes a hacer el aporte, siempre y cuando haya transparencia en el uso de estos recursos. Ellos quieren saber qué se hará con cada dólar que se va a entregar, en qué se va a invertir.
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