DANIEL LOÁISIGA CASTRO
Una gota de rocío fue la marca,
un suspiro abrupto pautó el enlace casi mecánico
de las miradas inquisitivas
y las miradas que cuentan historias
sin que digás nada a cambio.
Los sonidos durante fueron inertes,
secuenciales y armónicos,
de esos relajantes y embriagadores.
Y con una embriaguez de esas,
unos y otros se desinhiben,
las risas florecen y uno parece estar feliz
con la definición del momento,
felicidad que brotó
y no fue más que un recuerdo de los crepúsculos de media luz,
cuando el sol se posa entre las nubes.
Entonces puedo ver tu cara,
puedo oír tu risa,
puedo sentir tu aroma
en esos momentos de felicidad,
o puedo también ser feliz,
con tu presencia.
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