José María Zonta
El atleta entrena durante muchos años, el poeta entrena toda la vida. El atleta se levanta temprano, el poeta se acuesta tarde. El atleta se priva de relaciones sexuales previo a una competencia, el poeta no se priva de nada ni antes ni durante ni después. El atleta lleva una dieta balanceada, el poeta mastica y traga caóticamente. El atleta viste mallas ajustadas, el poeta viste camisas holgadas para disimular la pancita. El atleta tiene resistencia, el poeta no ofrece resistencia a una mirada que lo derrota. El atleta tiene fuerza, el poeta es débil por naturaleza y usa esa debilidad para derrotar tormentas. El atleta es veloz, el poeta es lento porque sabe que un buen amante hace lo mismo que un mal amante, pero despacio.
Algún día Francisco se habrá ido, todos nos habremos ido, pero los poemas que se leyeron en Granada gracias a él seguirán eternamente resonando en el Universo, como lucecitas cuánticas, luciérnagas cuánticas. Y eso gracias a que una vez a este atleta le dio por escribir poemas, o a este poeta le dio por ganar medallas.
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El atleta es ágil y el poeta es torpe, apenas puede desabotonar una blusa, si lo ponen a abotonarla se enreda. El atleta corre, salta, lanza; el poeta se detiene, cae y esquiva la lanza. El atleta tiene adversarios que vencer en velocidad o en resistencia, en distancia o en altura; el único adversario del poeta es el poema, pero el poema siempre le gana, el poema es el campeón y el poeta el aspirante, el retador. El atleta puede ser un profesional; el poeta siempre es un aficionado. El atleta mide su rendimiento; el poeta se mide cuando cae rendido al amor. El atleta tiene su maratón; el poeta tiene su moretón. El atleta salta las vallas; el poeta choca contra las vallas. El atleta levanta los brazos en señal de triunfo; el poeta lanza sus brazos en un abrazo.
GANÓ POR UNA NARIZ
Pero un día el poeta llega primero, por una nariz, por una palabra o por un beso y gana la medalla de oro. Lo normal es que el atleta gane la medalla de oro por ser el primero, si el poeta la gana, es porque es único. Es el caso de Francisco de Asís Fernández. Y lo digo con ocasión del otorgamiento a Francisco de la Medalla de Honor en Oro de la Asamblea Nacional.
Cada edición del Festival Internacional de Poesía de Granada es construir una Torre de Babel con un montón de idiomas, es meter todos los animales de la Tierra en el Arca de Francisco, o sea en Granada. Y lleva nueve y ya se está moviendo para el décimo, dedicado a Rubén Darío.
SIN PERDER EL ESPÍRITU
Cada Festival es la suma de una infinita cantidad de detalles, eso es un hormiguero y cada hormiga lleva una hojita y a veces no se ve hacia dónde pero al final todo encaja a la perfección: cada tenedor, cada lectura, cada autobús, cada habitación, cada traductor, cada camiseta, cada programa de mano, cada micrófono, cada desayuno, cada poema, cada palabra, cada taller y así hasta crear una gran ciudad poética dentro de Granada y alrededores. Y todo encaja en la realidad porque primero encajó en la mente de Francisco.
Hacer este Festival es una machada, hace falta ser muy terco, muy cabezota, muy quítate que voy. Pero también muy sensible, muy consciente del valor de la poesía en este mundo de máquinas, de tabletas y monitores. Lo que Francisco ha perdido en salud lo ha ganado en espíritu, en sabiduría y tesón. Y sigue piropeando, genio y figura.
UN NOBEL EN DOS CORAZONES
Cuando en 1997 el dramaturgo italiano Darío Fo recibió el Premio Nobel de Literatura, él y el mundo cultural reconocieron que la mitad de ese premio era de su esposa, Franca Rame, pues juntos firmaron muchas obras y las montaron y actuaron. Era un Nobel con dos corazones, con cuatro manos. Esta medalla de oro también tiene su mitad en Gloria Gabuardi, compañera en todo de Francisco. Gloria no merece la medalla de plata porque no es segunda en nada. Habría que derretirla y hacer dos. O Gloria podría hacerle un agujero y lucirla en un collar. A Francisco le gustaría, claro. Dije que Francisco es único, parece exagerado, ¿verdad? Pero hay un hecho que lo demuestra: es el hombre que Gloria escogió y eso lo hace, definitivamente único.
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