Aplaudo el regreso de los cubanos a la Serie del Caribe, a pesar que a estas alturas no estoy claro de quién estaba más necesitado de esa decisión.
Durante 53 años, con altos y bajos, la Serie del Caribe ha sobrevivido a la ausencia de Cuba, que por su lado, ha persistido a su manera.
Pero no siempre es cierto el proverbio aquel que dice que “solo los peces muertos nadan a favor de la corriente”. A veces hay que seguirla.
En ocasiones se va contra la corriente por convicciones honestas, asumiendo el riesgos, pero otras veces se hace simplemente por terquedad.
No me corresponde a mí juzgar a los cubanos, pero ahora han dado un paso que debieron haberlo hecho un buen tiempo atrás y que quizá no lo hacían por orgullo.
Desde que se abolieron las fronteras entre profesionales y amateurs, se sabía que Cuba no volvería a ser el plantel dominante y que tenía que abrirse a los cambios.
Ahora lo deciden, no solo por responder a una antigua invitación, sino porque lo necesitan para mejorar su nivel mediante el roce constante con los profesionales.
Este debe también ser un primer paso, en la apertura cubana respecto al salto de sus jugadores al beisbol de las Mayores, pese a las restricciones que lo impiden.
A pesar del bloqueo, hay una estimable cantidad de cubanos en las Grandes Ligas, formados en las estructuras actuales de la isla.
El beisbol cubano se modernizará con el roce con los profesionales. Solo es definir un sistema que permita ese salto sin traumas y mediante las rutas correctas.
En este caso, hay que seguir la corriente. Los sistemas exitosos se adaptan a los nuevos tiempos sin tener que perder su esencia.
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