JOHANNESBURGO/AFP
El expresidente sudafricano Nelson Mandela, quien ayer pasó su cuarta noche en un hospital de Pretoria en el que está ingresado en estado grave, pero estable, desde el sábado por una neumonía, “recibe cuidados intensivos”, indicó el portavoz de la Presidencia sudafricana, Mac Maharaj.
El Gobierno informa con cuentagotas sobre el estado del héroe nacional, que se ha visto aquejado de problemas pulmonares recurrentes desde que se le diagnosticó tuberculosis en 1988, estando en la cárcel. Esta es la cuarta vez que se interna en siete meses a Mandela, quien fue internado en abril por una neumonía.
Mandela “lloraría si supiera lo que ocurre en las escuelas”, aseguró en 2012 Desmond Tutu, que no piensa volver a votar al ANC.
Tutu y otros observadores, incluidos antiguos compañeros de lucha, no dudan en criticar al CNA para denunciar su estado de abandono e incluso poner en duda si sus sucesores son verdaderos demócratas.
“Si hubiésemos tenido la buena fortuna de tener a Mandela por dos mandatos, hubiéramos tenido más suerte porque es un demócrata comprometido”, estimó la semana pasada Mamphela Ramphele, una figura de la lucha anti-apartheid quien fue directora del Banco Mundial.
“Es tiempo de renombrar a nuestro país”, propuso recientemente un publicista de éxito Muzi Kuzwayo, quien sugirió “un nombre que unirá a la mayoría de nosotros, la Mandelia”.
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La presidenta de la Comisión de la Unión Africana, Nkosazana Dlamini-Zuma, dijo que había oído que Mandela está “respondiendo positivamente al tratamiento”.
Las visitas al héroe de la lucha contra el apartheid están estrictamente restringidas a sus familiares más cercanos en un intento de reducir el riesgo de infecciones. El lunes recibió la visita de su primera esposa Winnie Madikizela-Mandela y de su hija común Zindzi. Las otras dos hijas del expresidente le visitaron el domingo, mientras que su actual esposa Graça Machel ha estado a su cabecera desde su ingreso en el hospital.
Maharaj expresó que las autoridades quieren “crear un entorno favorable para su recuperación”. “Está recibiendo tratamiento y queremos que lo reciba en las mejores condiciones” que considere su familia.
MANDELA, LA UNIDAD
Más que el himno nacional con sus cinco idiomas o la bandera con sus seis colores, Mandela simboliza para los sudafricanos la unidad y el orgullo de un país que soñaba con una sociedad multirracial modelo, que hoy se ve lastrada por las dificultades económicas y sociales.
El diario local Soweta estimó ayer que los sudafricanos harían bien en rezar no solo “por la recuperación de Mandela”, sino por la suerte del país entero. El diario subrayó que el héroe de la lucha anti-apartheid no había sacrificado 27 años de su vida en la cárcel para que “Sudáfrica se caracterice por la corrupción, el racismo, la criminalidad y la violencia”.
Sudáfrica ha suprimido las barreras raciales y logrado hacer emerger una clase media y acomodada urbana multirracial, con capacidad para pagar a sus hijos escuelas de calidad. Pero desde 2009, el crecimiento económico se ha estancado, las tensiones sociales se acumulan, a menudo acompañadas por violencias que desbordan a los sindicatos tradicionales. En 2012 el sector minero fue escenario de una oleada de huelgas que dejó sesenta muertos y aceleró la depreciación de la moneda.
Sudáfrica es el país más rico del continente africano pero el 26 por ciento de la población es demasiado pobre para comer a su gusto, el 52 por ciento vive bajo el umbral de pobreza. El 62 por ciento de las familias negras y el 33 por ciento de las mestizas son pobres. Muchos problemas son herencia de la política de exclusión económica realizada por la minoría blanca bajo la tutela británica, y bajo el apartheid a partir de 1948.
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