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Ganar y gustar

Brasil acude a la Copa Confederaciones con una sed acuciante de resultados, la presión máxima de ser anfitrión y una estrella rutilante, Neymar, quien tiene el peso de liderar una selección joven y en proceso de formación.

Brasil acude a la Copa Confederaciones con una sed acuciante de resultados, la presión máxima de ser anfitrión y una estrella rutilante, Neymar, quien tiene el peso de liderar una selección joven y en proceso de formación.

El flamante fichaje del Barcelona, con solo 21 años, es la gran esperanza de Brasil tanto en este campeonato como en el Mundial que tendrá lugar en doce meses.

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La gran preocupación de “Felipo” es construir un grupo consistente, que juegue con equilibrio en ataque y defensa, y llegue al Mundial de 2014, a realizarse en casa, con un gran nivel competitivo.

Esa preocupación por guarecer la defensa le podría costar la titularidad a Marcelo, lateral izquierdo del Real Madrid, por su excesiva vocación ofensiva, en favor de Filipe Luis, del Atlético de Madrid.

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No en vano, Neymar es un jugador de talento refinado, versátil, decisivo y con una gran capacidad goleadora. Veinte tantos en 32 partidos le avalan como el artillero de la Canarinha tras el Mundial 2010.

A pesar de las estadísticas, todavía no ha brillado con la selección como en su anterior club, el Santos, y le pesa en la memoria el recuerdo amargo de la pobre imagen que dio Brasil en la Copa América de 2011.

El seleccionador nacional, Luiz Felipe Scolari, le ha reservado un lugar privilegiado en su equipo, le concedió total libertad de movimientos y ha puesto al resto de sus compañeros a su servicio.

Neymar tendrá a su lado a un media punta habilidoso como Oscar, del Chelsea, y a dos delanteros de peso y con más rodaje, como Fred y Hulk, seguros titulares.

Fred, de 29 años, es un ariete clásico, un hombre de área, que juega bien de espaldas a la portería y tiene un don para posicionarse en el lugar adecuado, lo que le permite cazar incontables rechaces y ser una garantía de gol.

El delantero que más críticas genera entre la afición brasileña es Hulk, que se ganó el mote por su potencia descomunal y que con Scolari suele jugar cerca de la banda izquierda, para atacar en diagonal.

El técnico, que pretende jugar con un dibujo 4-3-3, se guarda dos balas en la recámara, Lucas Moura y Bernard, dos auténticos velocistas que podrían desequilibrar un partido si el resultado se pone cuesta arriba.

Con este temible sector ofensivo, el único objetivo de Brasil es recuperar la senda del triunfo, ofrecer un juego vistoso a su afición y ser campeón de nuevo de la Copa Confederaciones, trofeo que ya ha ganado en tres ocasiones (1997, 2005 y 2010).

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