Rezaye Álvarez M. y José Garth
Para Urbina, si en noviembre no le hubieran entregado los permisos, no hubieran ido a la montaña a cortar madera ni invertido en viveros para cumplir con los planes de manejo. Ahora pagaron “un montón de reales” por la madera para acopiarla y otra cantidad que es lo que se le paga al Estado para obtener permisos.
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Unos 30 madereros y transportistas afectados por la retención de unas 90 rastras en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN) por más de 15 días, denunciaron la falta de respuesta por parte de las autoridades sobre la retención y traslado de la madera, vehículos y personal hacia Managua que ocurrió ayer desde la madrugada.
De esas 90 rastras, 27 rastras y dos camiones salieron de Siuna ayer a las 4:00 a.m. bajo la custodia de oficiales del Ejército y la Policía, aunque ninguna de las autoridades precisó el destino de los vehículos.
Francisco Javier Treminio, abogado que representa a la Comisión de Pequeños Madereros y Transportistas del Triángulo Minero y Prinzapolka, indicó que han agotado todas las instancias porque ya acudieron a la Comandancia del Ejército, Procuraduría General de la República, directamente a la Dirección Ambiental, y ninguna institución tiene posición oficial.
También acudieron al Ministerio Público y la jefa del despacho aseguró desconocer el caso.
Treminio afirmó que lo que sus representados buscan es “saber a quién tenemos que recurrir para que se cumplan los derechos de mis representados”.
“NOS QUIEREN ARRUINAR”
Conaris Paz Cubas, un maderero de la región, dijo que el Gobierno se quiere convertir en el único proveedor de madera en la región y todos saben que Alba Forestal ha sacado miles de metros cúbicos de madera con el visto bueno del Gobierno.
Erick Bustamante, transportista afectado, recordó que en la reunión que sostuvieron el miércoles por la tarde con el presidente ejecutivo del Instituto Nacional Forestal (Inafor), William Schwartz, este les aseguró que les entregaría las rastras ayer por la mañana. Sin embargo, lo que hicieron fue enviar un convoy de ocho camiones del Ejército para mover las rastras con la madera.
Modesto Artola, conductor de una de las rastras, dijo que después de 18 días los están llevando a un lugar donde no saben, algunos a Masaya y otros a Estelí y les preocupa el lugar donde los lleva el Ejército porque tienen muchos años de trabajar y nunca había pasado nada.
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