Jeniffer Castillo Bermúdez
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Las sirenas de los bomberos suenan. Cuatro niños están en el suelo, en medio de pupitres y con pedazos de techo viejo encima. Son trasladados al Hospital Alemán Nicaragüense por el estado grave en el que se encuentran. Ellos son del Colegio Camilo Zapata. La escena no es actual, pero podría repetirse en cualquiera de las 3,981 aulas de clases que ya necesitan reemplazo.
Aquella emergencia ocurrió en septiembre de 2009. Entonces el colegio no había recibido ningún tipo de inversión desde que fue construido en 1979. La razón: “El terreno no está legalizado”, argumentó el entonces ministro de Educación, Miguel De Castilla.
Este apenas es uno de los riesgos que trae el invierno a los estudiantes que deben recibir clases en aulas viejas aun bajo la lluvia.
“Nosotros suspendemos las clases cuando llueve fuerte porque las aulas se nos inundan”, aseguró la directora del Colegio Azul y Blanco, Brenda López, quien dice que ante la falta de atención de parte del Ministerio de Educación (Mined) ella debe buscar alternativas que le permitan asegurar el bienestar de los 537 estudiantes que atiende en ese centro.
El peligro está hasta en el trecho entre las comunidades y las escuelas, que en zonas rurales puede ser de hasta cuatro kilómetros o más.
“Hay niños que tienen que caminar y muchas veces lo hacen solos. Van cruzando cauces y puentes para llegar más rápido a la escuela y ahí es donde el padre de familia debe cuidar y estar pendiente de sus niños”, dijo María Jesús Gómez, secretaria ejecutiva de la Coordinadora de la Niñez.
En el país hay 8,523 escuelas y el cuarenta por ciento de estas están en mal estado.
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