Pedro Vargas: Vida y obra
Pedro Vargas Mena tenía 9 años cuando pintó a Rubén Darío (1867-1916) vestido con su traje de embajador de Nicaragua ante el rey de España. Esta pintura de 36×24 pulgadas —no sabe si existe todavía— la entregó al Colegio San José, de Granada.
Para el centenario de la muerte del poeta, dentro de tres años, prepara 49 obras que lo representan en esculturas en alto relieve, pinturas y dibujos.
Este es el legado que piensa dejar a su familia, a Granada y a Nicaragua, confiesa el granadino Pedro Vargas Mena, maestro de arte, escultor, pintor y dibujante, nacido en 1943, hijo del ebanista y tallador Ernesto Vargas Cerna y de la artesana Guillerma Mena, quienes influenciaron su vocación.
Vargas, quien gusta vestir solo de blanco mientras pinta o talla sus figuras, recuerda que la primera pintura Los últimos días de Rubén Darío la pintó en 1966, al igual que un busto de Darío. Ambas piezas, junto con otras, las trabajó para celebrar el centenario de nacimiento de Darío en 1967 y un año después se le encomendó hacer otro monumento al poeta en el Parque Central de Granada.
Al inaugurar el monumento, el profesor Carlos A. Bravo expresó que “Granada como ninguna ciudad recuerda al poeta sin igual, gracias al cincel de Pedro Vargas que labró Los laureles de la fama.. . cinceló tres medallones que adornan los costados, son de una belleza incomparable: Leda y el Cisne , Darío de Cartujo y Don Quijote que recuerda las Letanías del Gran Poeta al viejo loco e inmortal”, observó Bravo al valorar la escultura.
“Esta exposición número 20 es muy especial, no solo porque cumplo 70 años de vida y 49 de carrera artística sino como docente del Taller de Artes Visuales Pablo Antonio Cuadra de esta universidad”, externa Vargas al valorar sus obras y vida.
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Años después, en 1974 realiza otro monumento de Darío en Diriomo. Dona otra obra — Darío de Cartujo — a la Normal de Señoritas de San Marcos. Dicha obra ahora se encuentra en la Universidad Ave María, de la misma ciudad. Y en los ochenta trabajó otro monumento a Darío donado a la Universidad Nacional Autónoma de León.
El arte sacro
En sus estudios de primaria uno de sus maestros de arte fue el ornamentador Trinidad Sandino, quien gustaba pintar altares y decorar carrozas con papel, pintaba con polvo de colorantes diluidos con cola y ojo de pescado, técnica que aprendió Vargas y usó en sus obras hasta años recientes, recuerda.
Otro de sus maestros fue Róger Jarquín quien dibujaba con tinta china sobre vidrios. Este le dio clases durante vivió con sus padres en Río San Juan. Durante sus años mozos, Vargas solía frecuentar el taller del pintor masayés Frutos Alegría, con quien compartía sobre arte, especialmente sacro.
Esta afición por las artes lo llevaría a estudiar en la Escuela Nacional de Bellas Artes, egresando en 1965. Entre los maestros que influenciaron su obra profesionalmente reconoce a Rodrigo Peñalba, los escultores Fernando Saravia y Noel Flores, del primero por sus tallas de cabezas, y del segundo por sus tendencias hacia la escultura contemporánea italiana.
Los últimos 25 años de su vida los ha dedicado a la talla del arte sacro, esculturas de veneración en las parroquias católicas. Nuestra Señora de Lourdes, la Inmaculada Concepción, María Auxiliadora, la Virgen de Cuapa, Moisés, el rey David, son parte de esas obras talladas. Otras de sus piezas son profanas, trabajadas en madera, o sobre Darío.
Vargas forma parte de esa lista de escultores representativos de la figuración humana de arte sacro y profano, como Jorge Navas Cordonero, Genaro Amador Lira, Edith Grön, Pablo Vivas, Fernando Saravia, Noel Flores, Arnoldo Guillén, Miguel Ángel Abarca y Aparicio Arthola, entre otros.
Maestro de generaciones
“A mi regreso de mi primera gira por Europa en 1969 fundo la escuela de Bellas Artes de Granada”, relata. Y entre sus primeros alumnos recuerda a Hernán Barrios, Ileana de Remigi, María Favilli, Mercedes Vargas y Juan Manuel Roblero.
A la par de dar clases se dedica a pintar paisajes de Nicaragua y sobre el río San Juan, entre otras escenas y formas, acudiendo a la espátula, las escalas sobrias, rojas y grises, cuenta.
Años después realiza estudios metodológicos en Málaga, España. A su retorno en 1981 es nombrado director de la Escuela Nacional de Artes Plásticas Rodrigo Peñalba, continuando por dos periodos más, en 1995 y 2004, logrando enseñar durante 12 años y medio. Solo fue superado por Peñalba quien permaneció 25 como director de esta escuela.
Vargas continuó impartiendo clases en otros sitios como el Centro Popular de Cultura Fernando Gordillo, en Granada; en el Centro de Artesanías de Masaya y en la Escuela Panamericana de Bellas Artes, en Jinotepe.
El enseñar —dice— le ha restado tiempo para producir más obras; no obstante se siente satisfecho de su vida en las artes, porque ha reunido una colección de más de 150 obras, más las que está trabajado sobre Darío y que dejará como herencia a sus hijos, que también siguen sus pasos.
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