William Aragón Rodríguez
Doña Ana María Dávila asegura sentirse feliz porque junto a su familia habitan la nueva casa ubicada en el sector 13 de la ciudad de Somoto, en Madriz. Meses atrás vivían en una casita cuyas paredes estaban construidas de adobe, con techo de tejas de barro y cubierta de plástico, además el piso era de tierra.
Su nueva vivienda es de bloque y hierro, techada con zinc y madera y el piso es de baldosa de concreto. Esta fue construida por la Fundación Somoto y por la municipalidad, quienes contaron con la cooperación del organismo español Euskal Fondoa.
También doña Guillermina Aguirre, del sector 23, fue beneficiada con el proyecto de construcción de viviendas nuevas.
A ella le remplazaron su casita forrada con láminas de zinc viejo y tablas podridas.
“Hasta ahora se han construido unas 38 casas nuevas en tres etapas que lleva el proyecto, de un total de 120 que están previstas a edificarse”, dijo Aquiles García, coordinador de la Fundación Somoto, a cargo de la ejecución del proyecto habitacional.
Cada casa está valorada en poco más de 3,600 dólares y Euskal Fondoa aporta desde el 2012 más de 129,000 dólares.
Para mediados de este año se firmará otro convenio entre el organismo español, la comuna somoteña y la Fundación Somoto.
“Las casas que se construyen son únicamente para las familias pobres de los sectores del caso urbano de la ciudad de Somoto, priorizando a aquellas familias que se han visto afectadas por los aguaceros y que han quedado a la intemperie”, dijo García.
Las nuevas viviendas están destinadas a las madres solteras que viven hacinadas, en condiciones precarias o que sus humildes hogares se vieron afectados por las lluvias.
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