Los primeros meses y años de convivencia con el bebé suelen ser para la madre primeriza tiempos de cambios e incertidumbres, pero en algunos casos también puede ser un periodo de obsesiones, como muestra un estudio estadounidense, publicado por el servicio de noticias médicas HealthDay .
- “Es posible que algunos tipos de obsesiones y compulsiones que sufren las madres novatas, como las referidas a la higiene, sean un mecanismo adaptativo y adecuado para una mujer que acaba de tener su primer hijo”.
- Dana Gossett, Profesora de obstetricia.
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“El lugar más seguro para el bebé es su cuna, la lado de la cama de sus padres”. En ese sentido, la Academia Americana de Pediatría (AAP) establece entre sus recomendaciones que el bebé debe compartir la habitación de los padres, pero no compartir la cama.
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De acuerdo con los autores de la investigación, de la Facultad de Medicina Feinberg, de la Universidad de Northwestern, NU, (EE. UU.), algunas madres novatas comprueban a cada instante si su niño continúa respirando o lavan una y otra vez los biberones debido a su obsesión por los gérmenes y la corrección de la esterilización.
Los investigadores de la NU realizaron una encuesta a 461 mujeres que acababan de dar a luz y encontraron que el 11 por ciento presentaban síntomas obsesivos compulsivos (SOC) importantes centrados en el bienestar de sus bebés a las dos semanas del parto e incluso seis meses más tarde. Este porcentaje es muy superior al de la población general, que se
calcula entre el dos y el tres por ciento.
Según los expertos de la UN, estos síntomas habitualmente son temporales y la mitad de las mujeres encuestadas señalaron que habían mejorado al cabo de seis meses.
De acuerdo con la doctora Dana Gossett, profesora de obstetricia y ginecología en la NU, es posible que algunos tipos de obsesiones y compulsiones que sufren las madres novatas, como las referidas a la higiene, sean un mecanismo adaptativo y adecuado para una mujer que acaba de tener su primer hijo.
Otra cuestión que suscita dudas entre las madres primerizas es el colecho, consistente en que el bebé comparta la cama con su madre durante el sueño, de forma habitual o esporádica, una práctica que para algunos pediatras puede beneficiar al neonato, pero que para otros no está libre de peligros. Según un estudio, dormir con los padres puede ser beneficioso para la lactancia.

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