Juan Vega Gonzales
La principal forma de proteger a una persona en la defensa de sus derechos es darle el conocimiento adecuado para ejercerlos. La principal indefensión financiera de las personas se origina precisamente en el desconocimiento.
La educación financiera proporciona conocimientos y habilidades que permiten tomar decisiones mejor informadas sobre el manejo del dinero (presupuesto, gasto, ahorro, inversión, endeudamiento).
El desconocimiento financiero, que afecta a la mayor parte de las personas, tiene su origen en un déficit estructural del sistema educativo, que no incluye en su currícula educativa la materia de educación financiera.
Es increíble, pero cierto, que el sistema educativo no enseña a manejar el elemento básico que usamos casi cada día de nuestras vidas: el dinero. Combinado con lo anterior, el consumidor promedio es constantemente bombardeado por publicidad masiva, que lo incita al consumismo con publicidad y técnicas de venta cada vez más agresivas.
El “cóctel molotov” financiero generado por la combinación de falta de educación financiera, bombardeo publicitario consumista y fácil acceso al crédito nos lleva a gastar cada vez más de lo que podemos pagar, a endeudarnos más y finalmente al fatal sobreendeudamiento.
Aún si aprendemos a controlar nuestros gastos y ahorrar, un “ladrón invisible” entra en nuestras casas cada día y nos roba parte del ahorro que tan duramente nos costó ganar.
Ese ladrón invisible es la inflación que crece cada vez más conforme los gobiernos del mundo emiten más dinero (inicialmente para rescatar sus sistemas financieros; pero ahora para cubrir los enormes déficits públicos originados en la seguridad social, atención médica y pago de los rescates financieros).
Con mucho dinero en el mundo persiguiendo una cantidad limitada de bienes, seguiremos viendo aumentar los precios de la gasolina, combustibles y alimentos; es decir veremos reducir el poder de compra de nuestros ingresos y ahorros.
Solo para ilustración un ejemplo (no necesariamente real), si mi ahorro en el banco me paga un interés de tres por ciento, con una inflación anual del diez por ciento, a fin de año habré perdido siete por ciento del valor de mis ahorros comparados con los bienes que subieron de precio en diez por ciento (+3% – 10% = -7%).
La mejor manera de proteger al consumidor (de la inflación, exceso de gasto/sobreendeudamiento, que pueda invertir más, exigir sus derechos y negociar mejor con su institución financiera), es darle educación financiera. Educar es proteger.
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