BUENOS AIRES/AFP
El exdictador argentino Jorge Videla, sobre quien pesaban dos condenas a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad durante el gobierno de facto (1976-1983), murió ayer a los 87 años por causas naturales, en su celda en el penal Marcos Paz, 45 kilómetros al sudoeste de Buenos Aires, a las 8:25 a.m., hora local.
Con sus billeteras pletóricas de divisas verdes, los argentinos hicieron popular la frase “Deme dos”, para ilustrar su alto poder de compra, que les permitía llevarse de las tiendas en el exterior el doble de mercancía.
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El juez federal de la localidad Morón, Juan Pablo Salas, con jurisdicción en el penal Marcos Paz, dispuso que le sea practicada una autopsia al cuerpo del exdictador en la Morgue Judicial de Buenos Aires.
“Esta muerte trae a la memoria una etapa espantosa de nuestro país, una etapa de dolor y muerte por el genocidio de la última dictadura militar”, declaró el vicepresidente argentino Amado Boudou.
El secretario de Derechos Humanos, Martín Fresneda, afirmó que “es importante que haya muerto de muerte natural y en una cárcel común”. “Hubo justicia, no hubo venganza y se va como una persona que fue responsable de los principales horrores que vivió el pueblo argentino”, manifestó.
La presidenta de la organización Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, expresó a Radio Continental: “Me quedo un poco tranquila de que un ser despreciable ha dejado este mundo”. “La historia seguramente considerará el genocidio que sufrieron los argentinos, el oprobio de la dictadura civico-militar que encabezó (Videla) y de la que no se arrepintió, de la que hizo declaraciones tardías para reivindicar todos sus delitos”, agregó.
El Premio Nobel de la Paz (1980), Adolfo Pérez Esquivel, dijo que Videla “nunca se arrepintió de los crímenes y se lleva mucha información”, aunque señaló que “los militares guardan todo y eso algún día va a salir a la luz”.
Videla fue destituido por la justicia civil, a la que nunca reconoció, como ocurrió en su última aparición pública el martes. “Como lo hiciera antes, quiero manifestar que este tribunal carece de competencia y jurisdicción para juzgarme por los casos protagonizados por el Ejército en la lucha antisubversiva”, expresó en el juicio en el que estaba acusado por su responsabilidad en el Plan Cóndor, de coordinación represiva entre las dictaduras del Cono Sur.
En el libro Disposición final, aparecido en 2012, Videla admitió por primera vez que el régimen hizo desaparecer a “7,000 u 8,000 personas” para evitar protestas dentro y fuera del país.
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