En medio de un beisbol im perfecto, queremos árbitros que no se equivoquen.
Los peloteros entrenan fuerte para conectarle a la bola y, sin embargo, fallan. Y si aciertan tres de cada diez veces al bate, se les respeta.
Los mánagers se llevan al lanzador fuera de tiempo u ordenan unas jugadas que más bien parecen conspirar contra su propio equipo.
Los anotadores deciden que un hit es error, o error un hit, mientras los directivos violan las reglas y acuerdos.
También nosotros fallamos, al no señalar las fallas con firmeza, o al callar. Nos falta precisión con los datos.
Mi punto no es hacer apología o pedir que veamos a los árbitros con lástima. Es que en lugar de destruirlos, se les ayude para que mejoren.
Hay que seguir capacitándolos, estableciendo un ranking de calidad y asignando a los mejores para los partidos más importantes.
Se les tiene que mejorar su salario y garantizar su seguridad. Solo así se tendrá candidatos más calificados para ese trabajo tan duro.
Edgard Estrada, compañero en Radio 580, me dijo que varios de los actuales árbitros, no saben leer. ¿Podrán manejar las reglas?
Pero hay otro problema. La Comisión del Beisbol los asigna y si un equipo se queja de uno de ellos, lo cambian, como pasó en Juigalpa.
Si un árbitro no tiene calidad, no debe trabajar, pero a los que están trabajando, se les debe respaldar, capacitar y proteger. De lo contrario, esto será una anarquía.
De igual modo, a aquellos que tienen inclinación para el equipo de su ciudad, se les debe mandar a otro lado. Y si hay sospechas de corrupción, se investiga y se toman decisiones.