¿Qué vigencia tienen los postulados de la razón, formulados hace más de dos siglos por los filósofos de la Ilustración? Mucha, a juzgar por el público selecto que asistió a la presentación del cuarto tomo de la obra filosófica de Alejandro Serrano Caldera. Poca o ninguna, a juzgar por la indiferencia y el escepticismo dominantes en la masa inerte, que hoy representa una mayoría.
La filosofía moderna y contemporánea es la historia de los asaltos a la razón ilustrada. No existe una totalidad estructurada por leyes, en la que el hombre ocupe el más alto sitial; no existe un sujeto esencial que imponga a la realidad y la historia las reglas de la razón; no existe la verdad, devenida máscara de la voluntad de poder; todo esto, y más, nos dice la filosofía desarrollada a partir de Kant y de Hegel. Vivimos el apogeo del antihumanismo, del relativismo y el pragmatismo, de los instintos y de la acción inspirada por la razón instrumental y el apetito de dominación. Y frente a este panorama desolador, donde parece no existir salida, Serrano Caldera nos propone una razón soñadora, una razón preocupada no solo por el conocimiento y la técnica transformadora sino también por la política, el derecho, la ética, la historia y el arte. Una razón gozosa y humanizante.
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El panorama que nos ofrece la filosofía moderna es desolador. Lo que se muestra ante nuestros ojos es el desierto de la técnica poblado de artefactos y desechos, el espacio vacío y deshabitado de imágenes dejado por la autoaniquilación de la razón crítica. La idea ha sido reemplazada por el instinto; las fuerzas irracionales del miedo y el interés han dejado a un lado todo afán de equilibrio y mesura. Nietzsche, con el sueño del superhombre y la transmutación de los valores; Marx, con su llamado a transformar el mundo y cesar de interpretarlo; Heidegger, con su rechazo de las esencias y el vaciamiento de la idea del hombre; Weber, con su politeísmo irracional de los valores; Rorty, con su propuesta pragmática del ironista liberal y una democracia de opinión; son los nombres de algunos de los dinamiteros, viejos topos que han horadado la metafísica que sirvió de base a la construcción de los principios e ideas de la Ilustración.
Exilio de la razón, deserción de la ética, la política y el derecho, que implica asimismo la imposibilidad de la comunidad política republicana. Imposibilidad de la República derivada del reemplazo del ciudadano por el sujeto narcisista y del hombre productor y legislador por el consumidor indiferente y sin atributos; que procede del predominio de la economía sobre la política, de la anarquía sobre el Estado de Derecho, de la voluntad de poder sobre la voluntad de verdad.
Crisis también, por tanto, de la imaginación, frente a la cual la palabra de Serrano Caldera se cubre de irradiaciones poéticas y propone, sobre las ruinas del proyecto ilustrado, un nuevo humanismo como única alternativa a la barbarie.
Fiel a la razón, la palabra de Serrano es un oasis de esperanza y, por ello mismo, plantea una contradicción histórica: la de su posibilidad en un mundo, el nuestro, que continúa inmerso en el tiempo cíclico y vicioso de la prehistoria, y en un mundo, el de los países desarrollados, que vive el tiempo vertiginoso y el espacio ubicuo de lo que se ha denominado posmodernidad. El contraste entre sus planteamientos y estas abrumadoras realidades pareciera confirmar aquel temor que Alfonso Reyes expresara con una interrogante: ¿Estaremos condenados a llegar siempre tarde en la historia y a recoger las migajas del banquete de la civilización? El autor es jurista y catedrático universitario
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