Buenos Aires/EFE
El Gobierno de Argentina rompió su silencio para rechazar las denuncias sobre supuestas prácticas corruptas en el círculo del poder reveladas, entre otras personas, por Miriam Quiroga, secretaria del fallecido expresidente Néstor Kirchner, que ayer declaró ante la Justicia como testigo en una causa por presunta asociación ilícita de funcionarios y empresarios relacionados con el expresidente.
[/doap_box]
Quiroga fue citada tras participar en un programa televisivo en el que afirmó que cuando trabajaba para la Presidencia vio a un estrecho colaborador de Kirchner salir con bolsos, supuestamente cargados de dinero, destinados a la quinta presidencial de Olivos y a la residencia familiar del expresidente en Santa Cruz.
Sus revelaciones coinciden con denuncias periodísticas sobre la presunta implicación de empresarios próximos a Kirchner en supuestos delitos de lavado de dinero, como Lázaro Báez, quien ayer se presentó a la fiscalía de Río Gallegos para rechazar acusaciones que le vinculan con la evasión de millones de dólares a Uruguay para su traslado a bancos suizos.
El escándalo creció en los últimos días con revelaciones anónimas de un piloto que habría visto cómo un estrecho colaborador de Kirchner utilizaba su avión para el traslado de dinero en bolsos y con la declaración de un arquitecto que asegura que la vivienda del matrimonio presidencial tiene una bóveda para guardar valores.
La diputada oficialista Diana Conti expresó que los Kirchner hicieron su “fortuna desde muy jóvenes, con trabajo”. El secretario general de la Presidencia, Óscar Parrilli, dijo que las denuncias proceden de “alcahuetes mediáticos” que “intentan generar un clima de terror, un ambiente de miedo, donde se cae todo y está todo mal”.
Según la última declaración jurada de Fernández ante la Oficina Anticorrupción, conocida en agosto de 2012, su patrimonio en 2011 era de 8.6 millones de dólares, en 2010 declaró 15.3 millones de dólares. El descenso se debió a que en 2010 su fortuna estaba unida a la de su esposo y en 2011 a ella le quedó la mitad de lo que tenía Kirchner. La otra mitad fue heredada a los hijos.
Ver en la versión impresa las páginas: 8 A