La tragedia que está sufriendo hoy el fraterno pueblo venezolano así como la que padece desde hace algún tiempo el estoico pueblo nicaragüense, nos impone la necesaria tarea de hacer una visión retrospectiva sobre el pensamiento y la acción que, cada cual en su tiempo, desarrollaron estos dos próceres, Bolívar y Sandino, en torno a la autodeterminación de los pueblos latinoamericanos.
Si analizamos la trayectoria del Libertador, Simón Bolívar y la del General de Hombres Libres, Augusto César Sandino, fácilmente llegaremos a la conclusión de que ambos actuaron en función de elevados principios y que ambos terminaron sus vidas asqueados de los políticos corruptos que como aves de rapiña giraban alrededor de cada uno. En ese sentido los dos tenían una cualidad que vale la pena destacar: ambos eran honrados a carta cabal. Bolívar siendo presidente decretó la pena de muerte para todo empleado oficial que malversara o se robara más de diez pesos, y Sandino, la primera orden que dio a su llegada a San Rafael en febrero de 1928 fue que “cualquier soldado que tocase algo que no le perteneciera, sería pasado por las armas”.
En el ámbito político tanto Bolívar como Sandino se manifestaron en contra de aquellos que eran partidarios del caudillismo y del deseo de perpetuarse en el poder. Bolívar dijo: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerlo y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía”. Por su parte el general Sandino expresó: “La orientación política de mi patria debe alejarse de todo caudillismo, pues la experiencia dolorosa nos obliga a buscar otro sendero. Para agregar luego enfáticamente: “La Patria en estos momentos no necesita caudillos” y “el pueblo es soberano y debe respetársele su derecho de elegir a sus gobernantes”.
La pregunta obligada es: ¿Qué diría Bolívar al ver que bajo su nombre y su bandera hay un partido que lleva 14 años de estar atropellando los derechos del noble pueblo venezolano? ¿Qué diría Sandino al ver que su gloriosa gesta desde hace 34 años está siendo mancillada por la nefasta camarilla del frentismo? Sin duda alguna que ambos próceres deberán estar muy indignados dando vueltas en sus tumbas, porque quienes hoy enarbolan sus banderas han traicionado sus ideales y principios por los que ellos lucharon en aras de un futuro mejor para sus conciudadanos, con justicia y libertad para todos.
Porque hay que decirlo con toda claridad: tanto el gobierno del señor Nicolás Maduro en Venezuela como el del señor Daniel Ortega en Nicaragua carecen de legitimidad. Son gobiernos espurios, nacidos bajo el amparo de la corrupción y de escandalosos fraudes electorales y de la violación flagrante de los procedimientos normales establecidos por la democracia occidental para que los pueblos puedan ejercer el derecho de elegir libremente y sin presiones de ninguna naturaleza a sus legítimos gobernantes.
Por todo lo anterior: así como Bolívar y Sandino estuvieron, en su momento, hermanados en su lucha titánica por la independencia y la autodeterminación de nuestros pueblos, se hace imperativamente necesario que, nicaragüenses y venezolanos, hagamos causa común frente a los dolorosos acontecimientos ocurridos en la hermana república del sur y en defensa de nuestros derechos conculcados.
Los nicaragüenses que hemos sufrido en carne propia los vejámenes, la violación de nuestros derechos humanos y el robo descarado de nuestros votos mediante elecciones fraudulentas, todas características propias del llamado socialismo del siglo XXI, no podemos ni debemos ser indiferentes ante los viles atropellos que está cometiendo el régimen neofascista del señor Maduro en contra del valiente pueblo venezolano, que en franco estado de indefensión, no ha tenido más recurso para protestar que recurrir pacíficamente al simbólico apaleo de las cacerolas.
De ahí nuestra más firme expresión de solidaridad para el candidato presidencial, Henrique Capriles, para los hermanos de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y para las grandes mayorías del pueblo venezolano, en su justa demanda de recuento total de votos ante el Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela. Queremos, al unísono con todos los auténticos demócratas del mundo, que la verdad de los resultados electorales resplandezca con todo su esplendor, para que la paz y la tranquilidad vuelvan a los hogares venezolanos, dignos de un mejor destino.
El autor es Secretario General de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).
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