La traición de los sueños es el más reciente título de la sostenida producción poética de Francisco de Asís Fernández Arellano (Granada, 1945), una de las voces más destacadas dentro de la generación de los sesenta, grupo de extraordinaria vitalidad y vigencia en la escritura nicaragüense contemporánea. Este poemario de nuestro amado Chichí Fernández sorprende por su calidad formal y por la densidad de los temas axiales que toca en un momento ápice de la existencia del autor.
Curioso por lo bello de su título, La traición de los sueños, interrogo al texto, a su hablante y a su lector: ¿A quién traicionan los sueños? ¿Al hablante, al lector, a ambos, a todos? ¿Los sueños traicionan a la vida y a la muerte? ¿Los sueños sueños son? ¿Qué traicionan los sueños? ¿A qué materia, sustancia o espíritu, traicionan los sueños? ¿A lo real, a lo subreal, a lo hiperreal?
Concluyo con una pregunta, cuya respuesta extendería este artículo por innumerables páginas y no es ese el sentido de un conversatorio ¿Qué orillas? ¿El alfa y el omega de Francisco de Asís, esos puntos donde nace y muere eternamente el amor?
[/doap_box]
Más allá de la interpretación de los sueños y del malestar en la cultura de Sigmund Freud, creo podríamos convenir que los sueños en nuestra cultura, al menos, subvierten por ductos transvitales desde la sexualidad y la erótica —ápices y dínamos de la pulsión de vida— a la cotidianeidad familiar, social, política, religiosa.
Y esta poesía, subversora de esas formas escleróticas donde la pulsión tanática se manifiesta, esa pulsión de vacío, ausencia y muerte es subvertida y negada en este texto en la dimensión poética más propicia que puede caber: la vertiente surrealista. No sé si este surrealismo de Fernández Arellano es producto de una teleología diáfana o si la posición desde donde su poesía está abordando la vida, lo real, es decir desde el umbral, la duermevela, el insomnio, el filo de la navaja, la agonía, estas situaciones límites acicatean la hiperestesia del poeta para tejer una red filigramática que ciñe los textos al surrealismo.
En La traición de los sueños hay una lúcida conciencia de la vida y de la muerte: una mirada despiadada desde el umbral, que me hace rememorar el soberbio texto narrativo de William Faulkner, Mientras agonizo, texto aquel que diera pabilo para que Carlos Fuentes escribiera su texto agonal La muerte de Artemio Cruz. Los dos novelistas imaginaron situaciones, en cambio Francisco de Asís Fernández y Arellano, convierten su inmediata experiencia vital de enfermedades y gravedades, en un bello canto donde su buscan la compañía, la ternura, el amor filial, la pasión y el placer.
Intento calzar los coturnos de nuestro querido autor en su tiempo liminar, imposto su voz y me atrevo a preguntar: Mientras agonizo en surrealista ocasión: ¿Soy consciente de vivir la sobriedad de la vida y la enfermedad, no la ebriedad de la vida y la salud? ¿La realidad siempre ha sido esa y no he sido capaz de olerla, sentirla, palparla, verla sino ahora en la hora cero?
A esta y a otras incógnitas intentan responder con profunda belleza La traición de los sueños, dejándonos a su autor como a uno de los poetas más diáfanos y valientes del país capaz de enfrentar a los sueños, a la vigilia y a la muerte. Y este hecho significativo y textual redimensiona la evolución poética de Francisco de Asís Fernández Arellano.
Ver en la versión impresa las páginas: 7 B