Marc-Thomas Bock

Tres papas, dos mundos, una visión

En los últimos ocho años los católicos han vivido un hecho inédito en los dos mil años de historia del pontificado: la sucesión de tres papas de origen no italiano. El primero fue Juan Pablo II (1978-2005), primer eslavo en el trono papal y el primero (y probablemente el único) proveniente de un ámbito de poder comunista. Le siguió Benedicto XVI (2005-2013), proveniente de Baviera, cuna de la fe católica alemana, que por su rico folklore es vista en el extranjero como la “verdadera Alemania”. Ahora sigue Francisco, quien es el primer papa de ultramar en el Vaticano pese a poseer un pasaporte italiano.

Como argentino, Francisco tiene que enfrentar el mayor reto: el de lograr que la fuerza y la unidad de la iglesia latinoamericana repercutan en el catolicismo europeo y norteamericano, brindando nuevamente respaldo y confianza a las comunidades quebrantadas por los escándalos locales de abusos.

Esta sucesión de tres personalidades representa la globalidad de la Iglesia católica y su entrelazamiento indisoluble con las épocas de la historia mundial.

En lo referente a la historia, el origen y las particularidades de la Iglesia latinoamericana, las visiones de los tres papas provienen de dos mundos diferentes.

El papa Juan Pablo II, p. e., reconocía la teoría social latinoamericana, específica de la Iglesia católica en la región que se extiende desde México hasta Punta Arena (Tierra de Fuego). Juan Pablo, por un lado elogió el compromiso de sacerdotes y laicos en la lucha contra la pobreza desbordada, pero por otro criticó la definición de “liberación social militante” de diferentes teólogos de fama mundial (Romero de El Salvador, Cardenal de Nicaragua o Boff de Brasil).

Benedicto XVI, probablemente el papa teológicamente más introspectivo de los tres, ha percibido el problema de la pobreza y del descuido social de importantes sectores de la población latinoamericana, pero ha interpretado la cristianización de los indígenas nativos de Latinoamérica, con los patrones de inferioridad que dicha cristianización le asignó a estos —y que todavía repercuten sutilmente en la sociedad latinoamericana—, de forma académica y desde un punto de vista centrado en Europa.

El papa Francisco proviene de un mundo diferente del de sus antecesores. Por su origen latinoamericano, y por tratarse de un monje, Francisco marcará nuevas pautas como portador de esperanza para las comunidades católicas europeas. Desde Latinoamérica llegó al viejo mundo no solo para alumbrar la comprensión europea de las particularidades de la Iglesia católica en los países latinoamericanos, sino que, por su experiencia en el trabajo municipal de base, también para reactivar la conciencia de nuestras sociedades de bienestar sobre los sufrimientos de las masas marginadas socialmente.

Hay otro aspecto en el que estos tres papas provienen de dos mundos diferentes. Aunque Benedicto XVI ha vivido de joven el terror de la Alemania nazi, son los papas Juan Pablo II y Francisco quienes tuvieron que experimentar el poder del totalitarismo contra su iglesia, en épocas importantes de sus vidas.

Durante el comunismo, sacerdotes polacos fueron perseguidos, encarcelados y asesinados (Jerzy Popieluszku en 1984). Entre 1976 y 1983, en tiempos de la dictadura militar fascista, en Argentina hubo sacerdotes católicos y laicos que simplemente “desaparecieron”; también hubo algunos que colaboraron con los asesinos de la junta militar (Christian von Wernich). Esta experiencia básica con el totalitarismo marcó profundamente a los papas Juan Pablo II y Francisco. Ambos, con su humildad auténtica, que paradójicamente recuerda al militantismo, dieron y siguen dando ejemplo a sus compañeros de fe. Benedicto XVI, quien ha vivido mucho tiempo en sociedades democráticas, ha interpretado la caridad cristiana como un principio básico de la convivencia humana (In Caritas Veritate).

Sin embargo, los tres papas, el carismático intelectual de Polonia, el teólogo de Alemania y el religioso jesuita de Argentina, han tenido y siguen teniendo una visión en común: siguiendo a Jesús, convertir este mundo, esta vida, esta creación vivida en común, en un lugar humano con amor al prójimo.

Por su cargo papal, estos tres humanos, con sus diferentes personalidades y experiencias, impresionantemente fueron unidos en este mundo al momento de poner en práctica esta visión.  

El autor es director del Colegio Alemán Nicaragüense.

COMENTARIOS

  1. Oscar Angel
    Hace 13 años

    Excelente articulo Marc!
    Sin embargo decís: «La sucesión de tres papas de origen no italiano»
    El papa Francisco es latinoamericano pero es de origen italiano.

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