Si un crítico avezado pretendiera, a manera de ejercicio surrealista, comparar el estilo literario de Lourdes Chamorro César con el de cuatro pintores, evocaría, quizás para sorpresa de la misma autora, las imágenes de Canaletto, Matisse, Modigliani y Picasso. Todo esto atribuido al hecho del dominio que ella tiene sobre los detalles; la representación distintiva de los planos literarios y sus matices; el entendimiento que ella exhibe sobre la relación entre el estilo y la figura; la expresión de la inocencia, en cuanto a lo que se comunica intrínsecamente, expresando de manera cuasi perfecta sentimientos y creencias.
En cada poema de Chamorro César vemos el poder y la versatilidad de su pluma. En El beso a la vida, ella se enfrenta boca a boca a la vida a través de su carácter, sus luchas, sus sentimientos, sus percepciones, esfuerzos, inquietudes y sensibilidades. Lo hace, quizás, a la manera de William Wordsworth en su sentido autobiográfico. Y más aún, en esa forma en que Wordsworth relaciona la mente humana y la naturaleza.
En este poema de Chamorro César encontramos la exposición práctica de esa exquisita forma en que Wordsworth describe cómo la mente del individuo se acomoda al mundo exterior y viceversa.
[/doap_box]
LUCHAR CON ARDOR
Pero la autora no solo nos habla de su capacidad de luchar con ardor, de llegar al inmenso mar y sentir los pies mojados. No es solo un poema sobre su valentía o su disposición de gozar la vida, sino también sobre su capacidad de entrega.
Si bien la poeta nos presenta un desafío a la soledad, tampoco niega la condición necesaria de la misma; como interludio entre los momentos que estamos acompañados. Pues esos momentos, como dice Maya Angelou, son instantes de silencio en que nos escuchamos a nosotros mismos. Son ocasiones en que nos hacemos preguntas, en que nos autodescribimos “y en la quietud podemos incluso oír la voz de Dios”.
En el poema Omisión hay una edificación poética plena, sobria, llena de fortaleza, sin desgastados clichés. Un poema que crece y se eleva como la misma “palometa”, pero está zurcida, lleva una experiencia, una historia que Chamorro César sabe contarnos. Tiene corazón y tiene mente. Y las reflexiones crean un desenlace que sirve para acercar al lector y a la poeta.
Y como todos aventuramos en algún momento o momentos de nuestras vidas a someter a singulares danzas nuestras propias “palometas”, se nos hace fácil relacionarnos al diálogo que nos propone la escritora: ¿Será, en realidad la más sencilla, la más bella? ¿Hay valor en el apego? ¿Cuánto podré quererte en tiempos agónicos de tu derrota, después “de mil embates, de mil aterrizadas”? ¿Serán solo los buenos recuerdos remedios del alma? ¿A cuánta dignidad nos da derecho la realidad que muestran nuestras costuras físicas o del alma? ¿Cuánta culpa lleva la omisión? ¿Es consciente o inconsciente el hecho de no realizar el momento de hacer o deshacer un nudo? ¿Hay castigo o aprendizaje en la resignación y acaso esto depende de la edad en que experimentamos las cosas?
Más impresionante aún es el hecho de que el total de la capacidad artística y creativa de esta escritora es más que la suma de sus partes. Ella hace ver cada poema como una producción lograda de manera obvia y clara. Y es, precisamente ahí, donde se encuentra el arte. Entre palabras llanas, siempre escoge la mejor; provocando el abrazo entre los sentidos y el intelecto; logrando estimular la imaginación de manera indiscriminada.
ASPIRACIONES Y LA REALIDAD
Su poesía no solamente se posiciona frente a nosotros, sino que nos habla con valores, con sentimientos y vivencias tangibles e identificables. En su poesía hay una gran compenetración entre las aspiraciones y la realidad que el lector logra hacer propia. Esta poeta no trata de hacer poemas de un tablero de Scrabble; son sus ideas, sus frases, sus composiciones las que cuentan y las que nos hacen visualizar lo que ella describe. Su poesía no tiene asociación con pedantería alguna.
Ver en la versión impresa las páginas: 6 B