Cuando contraemos matrimonio entramos a un estilo de vida completamente diferente al que teníamos establecido.
Se juntan dos nuevos mundos, con costumbres buenas o malas, hábitos, creencias y hay que adaptarse porque si no se entra en conflicto cuando uno de la pareja quiere imponer solo su criterio.
El proceso de adaptación no es nada fácil, pero hay que hacerlo y se comienza por ponerse de acuerdo. Algunas veces hay que ceder y aceptar. Otras deberás pedir que te acepten, e irse ajustando a esos cambios que ahora que existe una nueva forma de vivir, o mejor dicho ahora que convivís con alguien bajo el mismo techo, que los une el amor y con ello las diferencias, se debe de hacer reajustes de tal manera que nacerá un nuevo hogar, una familia readaptada.
Una buena comunicación permitirá que este cambio sea menos brusco si inclusive uno mismo se resiste a realizar cambios, con el capricho de “yo soy así”, “así me conociste”.
Lógicamente caerán en un conflicto que se puede convertir en una crisis y se pasará a un campo de batalla, donde la crítica y las ofensas pueden salir a relucir y no es necesario ni saludable.
Es aconsejable que la pareja reciba consejería prematrimonial de estos aspectos, que incluyen esas reservas que hay en el noviazgo, pero que no pueden conservarse y tratar de esconder, o callar.
Lo mejor es que ambos sean genuinos, respetuosos y sinceros en una comunicación abierta y llena de confianza.
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