Una lamia

Rafael comentaba a su amigo Moisés que “un mancebo de veinticinco años, Ramiro, encontró en el camino a su casa, en una noche azabache, a una hermosa mujer que, tomándola de la mano, la llevó a su casa y le dijo que era tan linda como los cielos...

Rafael comentaba a su amigo Moisés que “un mancebo de

veinticinco años, Ramiro, encontró en el camino a su casa, en una

noche azabache, a una hermosa mujer que, tomándola de la mano,

la llevó a su casa y le dijo que era tan linda como los cielos y que si

él se demoraba con ella, la vería bailar y cantar y que beberían un

vino incomparable y nadie estorbaría su amor. También le dijo

que, siendo ella placentera y hermosa, como lo era él, vivirían y

morirían juntos”. El mancebo, que era un filósofo, sabía moderar

sus pasiones y se quedó con la dama y, por último, se “casaron”.

Entre los invitados a la boda estaba Ricardo, que comprendió que

la mujer era una serpiente, una lamia. Ella, al verse descubierta,

se echó a llorar y le rogó a Ricardo que no revelara el secreto y,

como recompensa, tendría todo lo mejor de ella. En ese momento

Rafael habló y Ricardo le contestó. Ella y el palacio desaparecieron,

todo era una ilusión donde nunca nació el amor.

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