Adolfo Acevedo Vogl
Economista
El denominado bono demográfico surge del momento cuando se produce el más fuerte crecimiento en la historia del porcentaje de la población en edad de trabajar. Permaneciendo lo demás constante, este incremento de la participación de la población en edad de trabajar acelerará por sí mismo la tasa de crecimiento económico.
En el caso de Nicaragua, el PIB per cápita creció a una tasa del 2.6 por ciento promedio anual en el período 1994-2008 como resultado de una disminución de 0.1 por ciento promedio anual de la productividad, e incrementos del 1.6 por ciento promedio anual en la tasa de empleo y del 1.2 por ciento promedio anual en la participación de la población en edad de trabajar en la población total.
El solo incremento de la proporción de la población en edad activa explicó el 43.8 por ciento del incremento verificado en el PIB per cápita. Pero esto no basta. Si en vez de caer, la productividad hubiese crecido a la misma tasa del tres por ciento promedio anual que se registró en el periodo 1960-77, el PIB per cápita hubiese crecido a una tasa de 5.8 por ciento como media anual (más del doble de la tasa del 2.6 por ciento que se registró).
Esto significa que la aceleración de la tasa de crecimiento del PIB per cápita a los ritmos que serían requeridos para aprovechar a plenitud el bono demográfico requerirá que esta elevada proporción de la población que está alcanzando la edad activa encuentre ocupación en actividades de creciente productividad. Esto implicaría no solo una fuerte creación de empleo, sino que, al ser el empleo generado de creciente productividad, también esta última se incrementaría de manera acelerada.
Para que ello ocurra debería producirse un intenso proceso de cambio estructural, que se refleje en la continua reasignación de la fuerza de trabajo desde sectores de baja productividad, como la agricultura tradicional y el sector urbano informal, en donde permanece subocupada, hacia sectores de cada vez mayor productividad y contenido tecnológico.
El aumento sistemático en la productividad del trabajo es la única manera en que un número más reducido de personas en edades productivas, como el que cabe esperar en la fase de envejecimiento, será capaz de generar los recursos necesarios para sostenerse a sí mismas, incrementando su nivel de vida, y a la vez sostener niveles de vida crecientes para el número en rápido aumento de adultos mayores.
De manera que si esta población en edad de trabajar que en la actualidad está creciendo con fuerza encontrase empleos en actividades de productividad creciente, es decir si se incrementase con rapidez tanto el empleo de los jóvenes como la productividad de estos empleos, la tasa de crecimiento del PIB se aceleraría a tasas sin precedentes, mientras la declinación de las tasas de crecimiento demográfico también contribuiría a los altos ritmos del PIB per cápita. Esto fue precisamente lo que ocurrió en Corea del Sur, un país que hasta 1977 era mucho más pobre que Nicaragua, y que en un lapso de solo treinta años se convirtió en un país desarrollado.
Mientras que en países más exitosos se observa la continuidad a lo largo del tiempo del aumento simultáneo del empleo y la productividad, en Nicaragua, de manera similar a lo ocurrido en el conjunto de América Latina, la disminución en la participación de la agricultura en el empleo total no se ha reflejado en el traspaso de la fuerza de trabajo hacia sectores de mayor productividad, sino hacia los servicios informales y el comercio, particularmente bajo la forma de trabajadores por cuenta propia.
Esto estaría indicando un proceso de cambio estructural regresivo: el empleo se genera en un porcentaje cada vez más importante en sectores de baja productividad, lo cual empuja hacia abajo la productividad promedio de la economía.
Por esta razón, también en nuestro país se manifiesta la incapacidad de combinar a largo plazo generación de empleo con crecimiento de la productividad. Por el contrario, parece existir una relación inversa: en los períodos de alta generación de empleo la productividad declina o se estanca, porque el grueso del empleo que se genera es empleo informal, de muy baja productividad.
Pero para que los jóvenes en edad de trabajar estuviesen en condiciones de desempeñar ocupaciones en actividades de creciente productividad y contenido tecnológico, el país debería hacer el esfuerzo necesario para que todos pudiesen alcanzar, no solo a culminar la enseñanza primaria, sino también la secundaria y técnica y (cada vez más) la terciaria.
Corea del Sur logró, desde hace décadas, que prácticamente todos los niños no solo se matriculen, sino culminen el ciclo completo de la enseñanza primaria (en Nicaragua, solo cerca de la mitad de los niños que se matriculan en primer grado eventualmente llegan al último grado de la enseñanza primaria).
Corea del Sur logró también, desde hace casi dos décadas, que la práctica totalidad de los chavalos en edad de asistir a la enseñanza secundaria lo hagan (contra solo 45 por ciento en Nicaragua) y, desde hace algunos años, que también la práctica totalidad de los jóvenes en edad de asistir a la enseñanza terciaria lo hagan (contra solo el 18 por ciento en Nicaragua), pero con un marcado énfasis en las áreas vinculadas a la producción y las ingenierías.