José Denis Cruz
Son inmigrantes distantes y distintos. Unos están en Estados Unidos y los otros en Costa Rica. Unos tienen beneficios que se niegan a aceptar y otros laboran en condiciones infrahumanas.
Con el TPS están protegidos de la deportación, obtienen permiso de trabajo y licencia de conducir.
Aún cuando el Gobierno estadounidense brinda estos beneficios, los inmigrantes nicas prefieren esperar que la reforma migratoria se concrete.
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Aproximadamente tres mil nicaragüenses que residen en Estados Unidos han sido beneficiados con la extensión del Estatuto de Protección Temporal, conocido como TPS, que se alargará hasta el 5 de enero de 2015.
Ese beneficio fue concedido por el Gobierno Federal a ciudadanos de Nicaragua y Honduras que fueron afectados por el huracán Mitch en 1998.
Lo extraño es que, tanto hondureños como nicaragüenses, no han mostrado interés en esta extensión a pesar de que les garantiza vivir de manera legal en ese país. La causa está ligada a que muchos esperan la reforma migratoria.
Hilda Zavala es un ejemplo de ese desinterés. “Yo tengo el dinero, voy a ir, pero estoy cansada de pagar tanto cada 18 meses. Mejor me espero a la reforma migratoria”.
Sin embargo, los inmigrantes que se enrumban a Costa Rica no corren con mejor suerte. Allá las condiciones en las que laboran son tildadas de “infrahumanas” por la Dirección de Migración de ese país, según constató en dos fincas ubicadas en la provincia de Guanacaste.
Algunos trabajadores reconocieron laborar por extensas jornadas y ganar por debajo del salario mínimo legal. A ello debe sumarse que no gozan de días libres ni de seguro social.
Según la instancia migratoria la mayoría de los que laboran ahí son foráneos.
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